miércoles, 10 de agosto de 2011

La Academia contra el Conocimiento (No. 3)

“Siendo, se es…” escribió Parménides (Elea, 532 a.C.) en la segunda parte de su Poema, en una declaración final más allá de cuanto los filólogos puedan descubrir, que abre la Vía de investigación filosófica en Occidente dando nueva forma al pensamiento llegado desde Oriente por la Ruta de la Seda.

A medio camino entre el mito y el pensamiento racional, descubrió así el tema central de la Filosofía que interpretado cosmológicamente confirma la asimetría de la cual proviene el Multiverso e implica una decisión entre dos formas de conocimiento. Para recibir la revelación de la Diosa acerca de “la inconmovible entraña, de la Verdad, tan bellamente circular…” fue llevado por “el carro” a las “dos puertas”, como expresa el Proemio del Poema, situándonos en el mito de transmisión de una Tradición también conocida por Pitágoras. Allí vio, por un lado, lo que es, traducido por Juan David García Bacca (1941) como poema Ontológico, que afirma el ser y la “Vía de la Verdad” (Tà pròs alétheian); y por otro, lo que hace patente al ser, “Vía de la Opinión” (Tà pròs dóxan), traducido como poema Fenomenológico.

Platón consideraba patrikòs logos “palabras del padre” a la enseñanza de las tres partes de este Poema fundador del filosofar que, simultáneamente, velaba un arcaico saber de carácter astronómico, transmitido por indoeuropeos, caldeos y egipcios, a través de relatos de naturaleza mítica. Su esquema cosmológico situaba en la constelación de Capricornio a la “Puerta de la Noche”, de las Sombras y los Dioses del simbolismo védico: Devayana, (Sánscrito. Deva, dios; Yana, camino) por donde entran al cosmos los Avatares de Vishnú, “el Hijo”, “Descensos” (Sánscrito. Avatarati, desciende) o Forma de Brahma, “el Padre”, la Vida universal. A su vez, por allí salen las almas de nuestra “Cueva Cósmica” (Guenón) retirando “el cubo de la rueda” –siempre en Parménides-  que para el héroe que vence a la muerte (Corintios I, 15.55), es la piedra-sello a la entrada del sepulcro. Según los egipcios, el alma accede así al Amenthes, el cielo acuoso donde existe entre Principios.

Bajo Capricornio, cuyo signo es el Macho Cabrío, ocurren el Solisticio de invierno en el Norte con la Natividad de Jesús y de todos los héroes “crísticos” que, como él, "descendieron" al mundo entre 1700 a.C y 500 a.C, por la Puerta Obscura: Thulis en Egipto, Crito en Caldea, Krishna en la India, Attys en Frigia, Indra en Tíbet, Alcestes en Grecia, Mithra en Persia, Quetzalcoatl en México, Prometeo en el Cáucaso, Quirinus e Ixión en Roma. Todos estos avatares “nacen” en distintas regiones, cuando el Trópico de Capricornio, a 23º 27’ del Ecuador terrestre, recibe al Sol.

Día de la Magia en el hemisferio boreal, inicio del verano en el austral… 22 de Diciembre de cualquier año. Frío amanecer en San Francisco, Plaza del Centro del Mundo en el País del Sol Recto. Bajo la mirada de Cantuña y Lucifer, varias personas suben apresuradamente la escalera en doble semicírculo que lleva a uno de los templos cristianos más antiguos de América del Sur (1550). Cuando se eleva el sol, sus rayos pasan entre las torres que han perdido altura por los terremotos. Ingresan por la cúpula del ábside y mientras refulge el oro en todas partes, atraviesan el cielo interior de la gran nave iluminando directamente al Padre Eterno cuya talla coloreada preside el Altar Mayor. Debajo, Juan bautiza a Jesús en el Jordán. El milagro solisticial dura cerca de una hora y depende de una arquitectura en la que mucho tuvieron que ver reconstructores del templo, vinculados a los freemasons.

Y cada año los sacerdotes sorprendidos por la irrupción pagana en su ritual, dispersan a los espectadores que con sus cámaras captan el fenómeno. Es inútil, a la misma hora y en La Compañía, templo jesuita construido (1605) en diagonal a la Plaza, otro rayo solar cruzó la nave e ilumina ya la Línea Ecuatorial de la Esfera del Mundo que el Padre Eterno, presidiendo la Trinidad, sostiene con su brazo izquierdo, también en lo alto del Altar Mayor…

Detrás de los dos templos el volcán Pichincha señala desde el Centro al Polo. Concebido en la Era Secundaria, cuando Pangea creó a Gondwana, creció durante millones de años mientras se formaban Australia, Sudamérica y La India. Al final del Cretácico y después de la Gran Extinción, se elevó en el corazón del mundo.

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Contrapuesta en la Eclíptica (banda de 23º de ancho, por la cual transitan el sol, la luna y todos los planetas. Tiene como fondo las 13 constelaciones zodiacales y una inclinación de 23º27' con respecto al Ecuador Celeste) en el Eje cósmico que en Parménides está “entre las dos ruedas del carro”, la constelación de Cáncer abre la puerta del Día, de la Luz, de los Antepasados y los Hombres: Pitriyana (Sánscrito. Pitri, padre; yana, camino) de la India. Según los egipcios, por allí descienden las almas, desde el Amenthes, para animar un nuevo cuerpo en nuestro mundo.

Este conjunto de ideas se integraba orgánicamente en cuanto a su significado con aquellos de los sistemas míticos indoeuropeos y sumerios, dando cuenta del destino del Alma y de la regularidad de sus viajes por el Cosmos. Del Orfismo y de los Pitagóricos, lo recibieron Platón, Proclo y Porfirio. En Grecia, estas puertas señalaban dos vías para el pensamiento y expresaban un conocimiento doble: una Tesis formal convertida en Filosofía y una Antítesis de significados, confiada a la instrucción de los Misterios, cuyas escuelas cubrieron centros privilegiados como Delfos, "ombligo" (Onfalos) que señalaron al cruzarse las dos águilas soltadas por Zeus desde los extremos del mundo.

La constatación de que muchos mitos cifraban una instrucción astronómica llevó a decir al historiador W. Sullivan investigando El Secreto de los Incas, desde las hipótesis de Santillana y Von Dechend: “los dioses son planetas…” y esto, no sólo en Grecia. 

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Seis meses después, 22 de Junio, Invierno en el Hemisferio Sur y Solisticio de Verano al Norte. El Sol transita sobre el Trópico de Cáncer mientras en el Ecuador, entre dos y tres de la tarde, penetra el cristal de la ventana por la Cúpula sobre el Altar Mayor de la Catedral de Quito (1562), que golpeada por el terremoto de 1797 fue reconstruida (1803) por el Obispo Cuero y Caicedo, el Arquitecto Antonio García y el Barón de Carondelet, llegado de Nueva Orleans y Florida para presidir la Real Audiencia durante el reinado de Carlos IV y proteger la “Escuela de la Concordia” amenazada por la Inquisición de Lima que apresó a su secretario, Eugenio Espejo (Núñez,1999). Respondía al llamado de Melchor Gaspar de Jovellanos, influyente Maestro Masón cuyo retrato se encuentra en el Museo del Prado, pintado por Francisco de Goya –otro hijo de la Viuda- con el rostro reflexivo de la “melancolía inspirada”, frente al Nigredo del que surge Minerva armada, a quien se consagra el dragón.

Esta vez la luz toca el sepulcro de La asunción de la Virgen, pintado por Manuel de Samaniego posiblemente a inicios del siglo XIX. Mientras el sol desciende sobre la Montaña Santa al Occidente, el rayo solar proyectado sobre el lienzo asciende diagonalmente “elevando” a la Virgen que, levantada de la muerte por el Sol Invicto, alcanza las imágenes del Padre y del Cristo Glorioso, que coronan la pintura. Mientras esto ocurre en la Tierra, en el cielo al Oriente de Quito se levanta la Constelación de Virgo, invisible a esa hora del día. Simultáneamente, en la capilla de El Sagrario que forma parte del mismo complejo catedralicio, el Rayo Solar, cruzando las ventanas ilumina plenamente el Corazón que Cristo ofrece con sus manos, mientras un Cáliz de oro permanece todo el tiempo expuesto. 

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La Vía del Padre, cuya luz es “visible en Capricornio” está en San Francisco y La Compañía, iglesias con las puertas al Este y el Retablo Mayor en el Oeste. La Vía del Hijo y la Madre, “visible en Cáncer” se encuentra en la Catedral y El Sagrario, con sus puertas a Occidente y retablos hacia Oriente. Todo en correspondencia con dos fechas, dos solsticios, dos constelaciones, dos formas de conocimiento, dos hermenéuticas, dos Venus…

Como lo prueba la factura de las piedras que las sustentan, estas cuatro iglesias fueron construidas sobre lugares sagrados de los Incas, cumpliendo órdenes del III Concilio Provincial de Lima (1582) que imponía edificar templos cristianos, o al menos cruces, como las 7 de la “Calle Cuerda” (calle Benalcázar), sobre los sitios paganos del Incario… que construyó sus centros donde los Kitu tenían ya los suyos, en sucesivas ratificaciones de un solo poder. 

Por otra parte, la frase del Poema de Parménides fue pronunciada varios siglos antes, en el desierto donde se eleva el Sinaí, Montaña Santa en el cruce de África con Asia, del Mediterráneo y el Mar Rojo. Aún hoy es posible encontrar algún beduino al caminar por el lado derecho del pequeño valle que acogió, camino al cautiverio, a Ezequiel (quien como Parménides ocultó bajo la imagen de un “carro” –Ez. 1.15 a 19- los misterios de la Mercabah…) y después a los hesicastas cristianos. Allí, las murallas del Monasterio de la Transfiguración (Santa Catalina), construido entre 527 y 565, guardan junto a una pequeña capilla, descendientes de la Zarza Ardiente que hizo saber a Moisés que el lugar que pisaba era sagrado. Junto a una inmensa colección de manuscritos coptos, griegos, hebreos y árabes, una sinagoga y una mezquita dan fe de su sacralidad respetada por los tres monoteísmos. 

Cuando Moisés, “el hombre más grande que ha existido”, preguntó a Elohim –incorrectamente traducido como “Dios”- su nombre: “Soy El que Es” se escuchó en la Montaña. Ehieh asher ehieh, escribieron los colegios de Esdras, afirmando al Ser mucho antes que los griegos, en su Exodo, 3.14,  cuando en pleno cautiverio en Babilonia durante el siglo VI a.C. fijaron el texto mosaico, convirtiendo el Verbo en Palabra y Ley (Torah). Así dieron los hebreos significado específico al Pi Universal, que Juan llamó “el Amén, el Testigo fiel y verdadero, el principio –no el comienzo- de la Creación de Dios” en su Revelación, 3.14

Como Parménides más tarde, Israel transmitía una Tradición que venía desde muy atrás… Son siempre esas dos puertas, desde antes de los griegos y hasta mucho después de que no estemos: más que conceptos puntuales o dependientes de las culturas que les dieron forma, son sistemas de clasificación universales o cualidades que constituyen el mundo del sentido de las cosas.

Pitágoras, que junto a la sabiduría hindú, caldea y egipcia recibió las tradiciones del Divino Orfeo, como lo muestran las referencias de Jámblico o Empédocles (A. Bernabé,2004), afirmaba en su escuela establecida en Sicilia, como hacen matemáticos y cosmólogos ahora, que el Universo es Números…y éstos, no sólo cantidades sino entidades que expresan un significado. Hablaban no de tres, sino de trinidad.

La imagen del Número Triangular de la Tetraktys era la Deidad más alta, manifestada en cuaternario, en ella se suceden cuatro, tres, dos y un elementos. Según “la forma”, 4 es 10 y es triangular. Su sentido se descifra desde la hermenéutica del símbolo. ¿Habría sido posible elevar a Pitágoras casi a la condición divina y sostener la vigencia de su pensamiento por más de dos milenios con las ingenuas traducciones de sus Versos Áureos como “no comer habas”, “no recoger lo que cae al suelo”, “no dar las espaldas al sol”?  Tal vez es mejor contemplar sus “análisis” desde la perspectiva que Novalis adopta en Los Discípulos en Sais, cuando intuyendo el descenso espiritual del pensamiento al final del siglo XVIII, contempla la naturaleza como manifestación del Absoluto, más allá del conjunto de mecanismos racionalistas al que era reducida. También se puede estudiar la traducción de los Versos realizada por el humanista y políglota Fabre D’Olivet (1767-1825), autor de La Lengua Hebraica Restituida, donde el “marco teórico” desde el cual se leen las herméticas declaraciones pitagóricas, es una Tradición Espiritual.

La visión cualitativa de los números, en esencia, es la misma que preside la generación de la moderna teoría de Cantor cuyos conjuntos (1874), de naturaleza “intuitiva”, se integran con elementos definidos por “propiedades” y “cualidades”… Sus operaciones, formalizadas por letras y signos, más que a cantidades se refieren a procesos lógicos y matices del discurso. Son las generalizaciones más extensas y precisas que se han podido establecer en Occidente y aunque se presentan abstractas y vacías de sentido, se refieren a modos de operar del pensamiento, que, leídos desde otras hermenéuticas, hacen el mundo de las “presencias imaginales” de la mística musulmana; son la versión occidental de las Hadarat de los Espirituales del Islam, las Hejalot o “palacios celestiales" que recorren los visionarios, descritos en la Qabbalah de Israel, o las imágenes boddhisatvicas del Sambhogakaya del Budhismo Mahayana, cuando más allá de ser adoradas o contempladas, son concebidas como los “lugares” donde los cuerpos se espiritualizan y el espíritu se condensa en cualidades. A estos mundos se referían las entidades de Pitágoras. 

Con Platón no ocurre algo distinto y aunque expulsa a los poetas de su República ideal, recurre al mito, materia de los Kavis (poetas) hindúes: Er, la Caverna, el Carro Alado… para presentar aspectos esenciales de su filosofía accesibles al poder “persuasivo” del relato más que a las reglas formales del discurso que expresa un razonamiento lógico. Convierte en palabras lo inefable y nos entrega un personaje –Sócrates- que consagrado al diálogo, debía encarnar el paso “del mito al logos”. 

Se supone que Platón substituya así la oralidad por la escritura. Pero se olvida que el mismo Sócrates se abstraía noches enteras, abandonando el Ágape para escuchar a su Daimon; que su discurso tiene varios niveles de lectura y que la seguridad con la que tres días antes de su muerte rechaza la huida que proponen Critón y sus discípulos, proviene del sueño en el que ha visto a la “mujer bella y majestuosa, vestida de blanco” (Dumézil), que le anuncia su próximo arribo a la “fértil Ftia”, tierra de los inmortales. 

Algunos relatos de los Diálogos fueron tradición oral, tomada del mundo más arcaico al que hacían referencia Hesíodo u Homero, otros se remitieron a Egipto y a tradiciones ya sin tiempo.
“Escucha Sócrates, dice Critias, una historia admirable y muy verídica, que contó Solón, el primero entre los Siete Sabios. Él la había contado muchas veces a mi abuelo Critias, el que a su vez me la contó en la infancia, entre los acontecimientos sobrevenidos a nuestra patria. Acontecimientos notables, que los largos años transcurridos y las calamidades por las que ha pasado el género humano, los ha hecho casi olvidar…” así empieza a describir Critias a la Atlántida, como se la reveló su abuelo, quien escuchó al sabio legislador Solón lo que los sacerdotes egipcios le dijeron cuando visitó sus templos. También le recordaron que los griegos eran todos niños, pues apenas habían nacido cuando su sacerdocio milenario había visto salir al sol y ocultarse por cuatro sitios diferentes…

Ahora bien, la Atlántida, continente "tan grande como Libia y Asia juntas” no aparece únicamente más allá de las Columnas de Hércules o en los discursos de Platón, en realidad se encuentra en todas partes: en Tíbet como Shambala, en Asia Central y la India, como Agartha; ciudad ideal como la Jerusalem Celeste que el Vidente de Patmos describe en su Revelación. Es el Asgard escandinavo que guarda en su centro al Walhalla e Iggdrasil, o la Aztlan de los Nahuatl,  junto a las Thule europeas y americanas. Es la Civitate Dei agustiniana, La Nueva Atlántida de Bacon o la Ciudad del Sol de Campanella; Cristianópolis de J.V. Andreas, Cuzco “celeste” que el Decimotercer emperador Inca quiso hacer descender al Centro del Mundo. Paititi y Dorado sudamericanos. Todas, “fundaciones espirituales” y Moradas del Castillo Interior, como las habitadas por Teresa de Ávila, Santa del Siglo de Oro español. Siempre muestran un conjunto de correspondencias uniendo lo visible a lo invisible, llaves hermenéuticas, estados del Alma. Y es en nuestras propias vidas donde debe estudiarse el más importante de sus significados…

Platón transmitió “visiones” simbólicas, y esto en referencia no sólo a la Atlántida, dándoles forma, espacio y tiempo. Y explicó, gracias a las ideas, el paso de un mundo de “principios” al de los “hechos” de la experiencia empírica, visible incluso en civilizaciones y ciudades con existencia histórica, cuyos planos y detalles arquitectónicos re-velan principios filosóficos y ofrecen una descripción de la evolución del alma en un mundo intermedio. 

Es necesaria una transmisión iniciática que adapte los “datos” que ofrecen estas “descripciones” a la realidad histórica y geográfica en la que transcurren nuestras existencias concretas, para realizar su sentido. Sin acceso a estas claves hermenéuticas, se reducen a fábulas y alegorías, mientras que, por otro lado, varias ciudades desde la “Prohibida” china, a la Tenochtitlán azteca, pasando por la Menfis egipcia, pero también Londres, París o Washington, se construyeron siguiendo esos principios como vía para hacerlos “descender” y convertirlos en realidad social…

Así, Grecia ofreció el conocimiento por una vía doble. Se ha dicho que Aristóteles habría escrito unas doscientas obras, perdidas en su mayoría. Dividió sus escritos en externos, públicos o exotéricos e internos, acroamáticos o esotéricos, comentarios destinados exclusivamente a los peripatéticos que estudiaban en el Liceo fundado por él. 

Dado que los Diálogos de Platón eran documentos públicos de la Academia, Aristóteles los consideró exotéricos. No tenemos conocimiento de obras “internas” en Platón. En cambio, los 31 textos de Aristóteles que Andrónico de Rodas nos legó en el siglo I, eran obras internas del Liceo. Son pues, escritos esotéricos…. que tratan de física, meteorología, biología, zoología, botánica, geología, lógica… El diálogo aristotélico Sobre el Alma, obra de juventud, fue compuesto en la Academia bajo la influencia de Platón. Fue luego de hacer una crítica a las “ideas”, declarando que si Platón no ofrecía demostración de “otro mundo” más allá del físico y sólo usaba mitos para describir lo innombrable, tal mundo no existía. Con esta decisión Aristóteles marcó a la humanidad y determinó el desarrollo del pensamiento occidental, inclinándolo al uso de los sentidos y la razón, como instrumentos únicos para la realización de la Verdad. Con una lectura incompleta de estas propuestas, el hombre perdió  la “mitad más grande” del saber…

Siglos después, en las estancias vaticanas del Papa Julio II, Rafael pintará al fresco La Escuela de Atenas. La perspectiva nos conduce al centro de la construcción donde Aristóteles, a la izquierda de Platón, señala la Tierra mientras en su mano está la Ética. Platón señala al Cielo -con el rostro de Leonardo y el mismo mudra que muestra su San Juan cuando parece señalar la cruz- sosteniendo el Timeo, cuyos principios pitagóricos explicaban la aparición del Cosmos. Están rodeados por Sócrates, Epicuro, Diógenes, Heráclito, Tolomeo, Pitágoras, que caminan, enseñan o conversan entre contemporáneos florentinos, políticos, artistas y humanistas…

Con su referencia a la Atlántida que preside el Timeo, Diálogo donde se opone la materia a las ideas, Lo Otro a Lo Mismo, Platón nos hace saber que el pensamiento de Pitágoras –fundamento del Diálogo- proviene de Egipto, cuyos sacerdotes se referían a una tradición sin tiempo que recogía la noción de precesión equinoccial, visible en los distintos puntos por los que, a lo largo de milenios, habían visto sus ancestros levantarse al sol.

Las investigaciones de Alberto Bernabé (2004) han permitido revalorar la influencia de la Poesía Órfica en los filósofos presocráticos, en Parménides, Pitágoras y Platón.

Los estudios de Colli (La Sabiduría Griega, 1977) daban ya cuenta del papel de Dionisos, Apolo, Orfeo, así como el de las enseñanzas de Eleusis y los Hiperbóreos en la aparición del pensamiento filosófico, que confirmó con sus investigaciones sobre Tales, Anaximandro y Anaxímenes. 

El minucioso estudio de Roxana Martínez (La aurora del pensamiento griego, 2000) muestra los temas fundamentales de la filosofía, contenidos en el lenguaje mítico de la Teogonía Órfica Antigua, así como en las cosmogonías de Hesíodo, Alcmán, Ferécides, Epiménides y hasta Museo, cuya existencia histórica es más que discutida. Fueron estos “autores”, o colegios de pensadores, quienes se preguntaron por la naturaleza del Principio (Arxé) de todo cuanto existe, su respuesta fue un símbolo en discurso, un mito…que tenía como punto originario a la Noche o, como en los Andes, al Tiempo (Wiracocha). La misma pregunta, encarada desde el pensamiento racional, origina la Filosofía, que para “explicar” los temas esenciales no deja de recurrir al mito pues al “poner por escrito” una tradición oral, se convierte la multiplicidad semántica de las imágenes en un solo discurso… ¿Cómo recuperar lo que se pierde al escribir lo oral?... Allí empieza la necesidad de una hermenéutica basada en el lenguaje de los símbolos. 

Esta diferenciación entre conocimiento público e interno se observa también en el pensamiento chino, cuyo Budhismo Ch’an formuló el Koan, documento público que relata la experiencia de Iniciación entre un maestro y su discípulo. Existen unos 1700, sólo uno es necesario para conquistar la naturaleza búdica. Junto a éstos, está el Yugen o la divisa artística (Serge Raynaud de la Ferrièrre, 1956), la investigación de lo sutil para los privilegiados que siguen la ruta interior, inaccesible a muchos. 

El Koan, redactado de forma más o menos semejante tanto en los Ensayos sobre Budismo Zen de D.T. Suzuki, como en el Denkoroku japonés -Historias de la Transmisión de la Luz- describe el diálogo y la situación implicados en el mecanismo de Iniciación en linajes espirituales que no se han interrumpido desde que Bodhidharma, Vigesimoctavo Patriarca de la raza de los Budas, en el 527 arribó a China, con el Lankavatara Sutra, enseñado por  Siddhartha Gautama en Sri Lanka a seres "no humanos". Permaneció nueve años en Dhyana, concentración sin dualidad sujeto-objeto, vuelto contra la pared de su cueva, hoy dentro del Monasterio Shaolin. Luego de descubrir el “método de las dos puertas…”, que denominó “El ingreso por el Principio y el ingreso por la Práctica”, se convirtió en el Primer Patriarca del Buddhismo Ch’an. 

Son particularmente notables los relatos de iniciación entre los seis primeros patriarcas, de Boddhidharma a Hui Neng (638-713), autor del Sutra de la Plataforma que guarda el símbolo de un molino como forma de aludir a este saber astronómico omnipresente en toda Instrucción tradicional. Cuando el Quinto Patriarca Hung Ren (651) toca tres veces con su “vara” (Sushumna, Vía Central) la “mano” del molino (eje de la tierra) y la boca del cuenco (órbita, óvalo en los Andes), que formando el ángulo… sostiene Hui Neng entre sus manos, reconoce su estado espiritual y lo convierte en Sexto Patriarca, a la vez divide el linaje  entre los partidarios de lo literal y el sabio solitario, despierto desde que escuchó en su infancia el Sutra del Diamante y que lejos del Vihara (Ashram, convento) recibe así, en secreto, la confirmación de su saber, más allá de la instrucción religiosa y oficial. 

Estos no son adornos coreográficos; su presencia en la imagen del instante mismo de la Transmisión, alude a la sustancia de lo transmitido: el misterio del Tiempo (punto originario de las arcaicas cosmogonías griegas, o corona del sistema mítico andino, en la forma de Wiracocha, señor del tiempo presidiendo el diagrama cosmológico del Coricancha) que se revela en la mecánica celeste de la precesión equinoccial y lo que implica para los hombres. 

En cada Koan, junto a las palabras que son la fórmula o el mantram, vehículo sonoro de la Iniciación armado desde Buddha en cuatro frases -Cuatro Nobles Verdades-  está la imagen, vehículo visible de una situación cuyo simbolismo viviente, entregado al contemplador como verdadero Yentram, hace posible el Dhyana, estado con el cual el Yoghi “se hace Uno” por la Identificación (Yug) Samadhi, similar al Nirvana Budista, Satori del Zen, Asgard nórdico, Paradesha (Sánscrito. región, desha; más allá, para) de los arios mesopotámicos o el Cielo de los Cristianos. 

El Budhismo Ch’an dará origen al Zen en Japón y Corea, extendiendo su influencia a las artes marciales, el ikebana, la ceremonia del té, el arte Sumi-e, la caligrafía, y casi toda manifestación de la vida en Extremo Oriente, desde el arreglo de un jardín hasta el gobierno de un Estado.

En la China de los Tang (618-907), la doble instrucción se muestra continuamente en el Si Wu Chi o Peregrinaje a Occidente, novela-río que narra el viaje hacia la India hasta el Pico del Buitre, buscando las “verdaderas escrituras” de Buddha, realizado por el monje Tangseng (Tripitaka) con Chu Ba Chie, el monje Zha Wu Ching y el Mono Peregrino Sun Wu Kung, cuyo nombre significa “El Niño Despierto a la Nada” , nacido de la roca inmortal en la Cima de la Montaña de las Flores y las Frutas, quien habiendo dominado toda la sabiduría de la Tierra, instruyó a los monos en las artes marciales, antes de peregrinar en busca de la Iniciación con el Maestro Subodhi (Sánscrito. Su, bien;  Bodhi, despierto). 

Descifrando los complejos signos de la enseñanza pública recibida con los otros discípulos, y los de la conducta misma del Maestro, el Rey de los Monos descubrió la hora y el lugar donde alcanzaría, del mismo Gurú que enseñaba por igual a todos, la instrucción secreta de los predestinados: en la cueva mientras el Maestro instruye a todos, con su bastón golpea a Sun Wu Kung y luego abandona el recinto... “ al golpearle tres veces seguidas, el Maestro le había instado a estar preparado para la tercera vigilia; al mismo tiempo, al llevarse las manos a la espalda y retirarse a sus aposentos, cerrando tras sí las puertas, le había ordenado que hiciera uso de la puerta trasera, para recibir sus enseñanzas en secreto…” Nos cuenta el narrador anónimo del Viaje al Oeste, al inicio del Volumen I. 

Como el Sexto Patriarca, el Rey de los Monos tiene acceso en secreto y por una puerta oculta, a un conocimiento alejado de la misión pública. Por lo demás, esta novela construida a lo largo de varios siglos sobre los Principios del I-Ching, con las enseñanzas del Budismo, Taoísmo y Confucianismo, reúne instrucciones alquímicas, médicas, teorías cosmológicas, astronómicas, matemáticas, mágicas, además de datos geográficos e históricos, lingüísticos y desde luego míticos. Todos sus temas son expuestos en un lenguaje simbólico que requiere un conocimiento más allá de la composición de los caracteres chinos que nombran los objetos. 

En la India, los Upanishads consignaron la exégesis esotérica ofrecida por Gurúes al “círculo” de discípulos “sentados alrededor del árbol que ocupa el maestro”, si atendemos al significado literal bajo el cual aparece esta colección de textos. Pasan por comentarios orales a obras transmitidas por escrito: smriti, “recordados”, como los Vedas, los Puranas, Itihasas ( "lo que así fue dicho" , Leyendas del “epos” o cantos épicos) como el Mahabharata y el Ramayana, Dharma Shastras (Doctrinas acerca de la "Ley", que hace el ser de cada cosa), que conservan las palabras. Los sruti, o textos “escuchados”, velan instrucciones como aquellas acerca de las técnicas del manejo del aliento, (Pranayamas, de los Upanishads del Yoga) que no conviene entender literalmente.

Se trata, por ejemplo, de llevar el aire inhalado hasta el Chakra Muladhara (literalmente “Rueda” en la raíz –mula- de la columna vertebral) “situado” en el promontorio del hueso sacro. De hecho, no existe conexión anatómica entre los pulmones y este “centro”. La “operación” se da en “otro” mundo, o en este mismo, pero en un “cuerpo de significados” y lo que se lleva no es aire (Nitrógeno, oxígeno y gases raros) sino el prana, su “vitalidad” que, en definitiva es… su significado. La verdadera alquimia, es una operación mental simultánea a la acción física, porque para un Yoghi, la vida humana transcurre no sólo entre reacciones químicas o biofísicas, sino en cuerpos de significación -¿no es incluso matemática la realidad del Multiverso?- sin solución de continuidad con la “realidad material” y los Chakras son “estados de conciencia” en correspondencia con el sistema nervioso y glandular endocrino de nuestra anatomía. Son los sistemas médicos de otras civilizaciones, como el Ayur Veda en la India o la Acupunctura en China, los que han considerado estos aspectos. 

Los textos cuya interpretación es más compleja provienen del Tantrismo hindú o tibetano, en los cuales un estado espiritual o místico es designado bajo el simbolismo de imágenes sexuales. Los Dhyani Buddhas, “Despiertos” –Boddhi- que existen, en cuerpos trascendentes, en mundos de principios y por lo mismo en todo sitio y todo tiempo, en estado de concentración… son representados en posición de Padmasana (flor de loto), en perfecto abrazo sexual con su Shakti (energía). 

Queremos insistir en el hecho de que ninguna de estas imágenes deben leerse en los textos, literalmente. Como tampoco se pueden interpretar literalmente los seis días de los primeros versículos de la Torah hebrea que abren lo que conocemos como Antiguo Testamento, atribuido a Moisés, de cuya existencia histórica no existe prueba alguna, aunque se lo asimila incluso a Akhenatón, el misterioso faraón de la dinastía XVIII que representa en Egipto y en el mundo antiguo, el único momento de monoteísmo, alrededor del 1534 a.C. Sus efigies abren el culto a la Luz que genera lo viviente, expresado por el Disco Solar victorioso en el cenit del mundo, y en el viejo Museo Egipcio del Cairo inauguran una estética que nos sorprende por su abandono del hieratismo ante la belleza pura. Las dinastías que le sucedieron no podían comprender el intento de convertir la Iniciación en religión de estado, y el secreto en doctrina accesible a todos: destruyeron sus ciudades, sus estatuas y casi todo rastro de su existencia.

En el Islam, cuyo sagrado Qoran se construyó con textos mirados como apócrifos entre los hebreos y se fijó por escrito a lo largo de los siglos, se encuentran exégesis literales entre los Suníes y ocultas, internas o esotéricas entre los Teósofos de la Luz: el Ishraq persa (Sohrawardi, Rumi) y los místicos Sufíes del Norte de África y Medio Oriente. Las dos lecturas son ya claras y generan dos clases distintas de ethos espiritual… con consecuencias psicológicas diversas y mecanismos de trasmisión distintos. 

Desde su origen el Islam contó también con una instrucción directa de Mohammed, en la forma de “relatos”, o afirmaciones que hacía (A hâdîth) exponiendo directamente algunas de sus revelaciones que pasaban a formar parte de la normativa de vida musulmana.

Finalmente, las tradiciones americanas describen un mundo de doble sentido, como podemos ver en los mitos de Huarochiri.

Frente a esto, ¿En qué consiste el lenguaje cifrado usado en todas estas Obras, de tantas partes del mundo?

Es necesario estudiar un aspecto fundamental del lenguaje simbólico que, inadvertido por hermenéuticas reduccionistas (psicoanálisis, lingüística) es, sin embargo, entendido a través de hermenéuticas instaurativas (que instauran precisamente sentido, según Durand), que buscan el significado de las instrucciones orales y obras que proviniendo de distintas épocas y culturas comparten, sin embargo, la cualidad de estar escritas  en una lengua que para los investigadores del siglo XIX y XX se presentaba como “enigmática” (Burnouf), “misteriosa” (Kern), “escondida” (Max Müller), “crepuscular” o de “luz y oscuridad” (Haraprasad Shastri).
En Sánscrito, esta “lengua” se denomina sandhya-bhasa, de bhasa = lengua, y sandhaya = intención, proponiéndose con referencia a… Es, pues, una “lengua intencional”, en la que los autores escriben “a propósito de…” algo que siempre queda oculto y que sólo puede ser descifrado a partir de una rigurosa hermenéutica de lo sagrado. Es, por lo tanto, una lengua de doble sentido, cifrada. 

Esta característica esencial de textos hindúes como los Vedas, los Agamas, los Puranas o los Tantras, es la misma en los textos budistas que vienen del Hinayana y del Mahayana hindúes o del Vajrayana tibetano. Está presente también en forma de “lenguaje metafórico” y velado muchas veces por el lenguaje poético o las imágenes, en el pensamiento chino: el "sentido" de cada uno de los 64 Hexagramas es ofrecido en una imagen, en la traducción de Wilhelm o en la versión más antigua de Wang Bi.

La encontramos en los textos bíblicos, del Génesis al Apocalipsis, en los cuales el proceso de cifrado es permanente,  matemático y geométrico, accesible solamente a las técnicas de análisis hermenéutico provenientes de la Gnosis secreta de Israel: la Santa Qabbalah, “recibida” de modo “oculto”, como en los otros casos que hemos presentado, por Moisés en las alturas del Sinaí, junto a la Ley , y especialmente desarrollada en el sur de España a lo largo de los siglos XI, XII y XIII, al producir libros como el Zohar, el Sepher Yetzirah, el Siphra di Zeniutha o el Aesh Metzareph, algunas de cuyas cualidades podemos estudiar en las obras de Gershom Scholem, otras requieren la iniciación a la Qabbalah Mercabah y a la Qabbalah Baereschit. 

El rigor en el ocultamiento del verdadero sentido del texto está presente por igual entre los musulmanes, algunos de cuyos investigadores, los que buscan “el sentido”, acuden a la “Ciencia de las Letras” o al “Lenguaje de los Pájaros” del místico Farid ud-Din Attar (1145-1221), de Nishapur, en el actual Irán, para descifrar tanto su texto canónico (el Qorán) como las obras de los exégetas místicos como el andaluz Ibn Arabi, (Siglo XII) o los iranios Sejestani (Siglo X), Mollâ Sadra de Shiraz (Siglo XVII). Entre los investigadores que se han inclinado sobre estos temas en el Islam espiritual están especialmente Henry Corbin y el arabista español Miguel Asín Palacios. 

En un texto más cercano a nuestra cultura, encontramos la alusión a este lenguaje en las epístolas de Pablo, cuando se refiere a la “sabiduría de Dios”… 

Este encriptamiento implica que sólo los advertidos por la clave, podrán encontrar el sentido del escrito y pasar a sus aplicaciones en distintos aspectos de la existencia: físicos, psicológicos, intelectuales, terapéuticos o espirituales, tanto individuales como colectivos. Tales claves son recibidas en un acto de Iniciación, directamente de maestro a discípulo, a través de linajes espirituales. El desconocimiento de esta circunstancia fundamental llevó a los occidentales a tomar estos libros y sus instrucciones al pie de la letra y además fuera de contexto.

El estudio filológico o la comprensión filosófica no garantizan, en absoluto, la penetración en las múltiples capas de significación de los textos, que en la Qabbalah fueron denominadas lebousha,  "vestiduras" sucesivas de la verdad, que deben descifrarse, pero en todos los libros, no sólo en los hebreos.

El lenguaje en que se expresan incluye sistemas hermenéuticos implícitos, impidiendo su lectura “desde fuera”: originalmente pasaron de Gurú a Gurú, por largas cadenas de Iniciados, como señala S. Raynaud de la Ferrière, citando al Lama Kazi Dawa Samdup, que enseñó en el sudeste asiático a inicios del siglo XX, en sus consideraciones sobre el misterioso sistema del Trikaya (los tres cuerpos o vehículos) en el Budismo Mahayana.

“Estas claves las podemos encontrar como esquemas mnemotécnicos –a recordar, el Arte de la Memoria mencionado antes- dibujos y diseños cuyo estudio completa los textos básicos y condensa largas explicaciones, sellos que revelan datos, leyes de correspondencias, analogías y equivalencias entre varios planos de manifestación o de funcionamiento del ser, cuadros y diversos alfabetos construidos para cifrar textos, específicos de cada cultura. 

El número desempeña también un gran papel en el encriptado de los escritos por la división de las obras en capítulos, párrafos, llamadas, etc.”

Con todos estos datos podemos penetrar, por ejemplo en las obras hindúes,  en el sentido que es dado al cuerpo, a sus estructuras y a una cierta fisiología mística, especialmente del sistema glandular endocrino y del sistema nervioso, en sus dos partes fundamentales: el sistema nervioso central y el sistema nervioso vegetativo simpático y parasimpático, presentes en las técnicas que provienen del Tantrismo hindú y tibetano que han aparecido a lo largo de los dos últimos milenios aunque sus fundamentos se encuentran ya en las tradiciones de pueblos pre-arios de la India o en rastros del Chamanismo mongol, desde mucho tiempo atrás. 

Desde esta comprensión, es obvio que el conocimiento oficial, académico, actualmente es insuficiente para la realización de la Verdad, y no nos referimos simplemente al estudio de los griegos, sino al conjunto del conocimiento humano, en todas sus manifestaciones. 

Es necesaria entonces una hermenéutica del lenguaje simbólico, única vía para acceder al tesoro guardado desde siempre en estas obras que habiéndose producido en distintas épocas y regiones del mundo, nos pertenecen a todos. Investigarlas de esta manera, es ejercer nuestro derecho a conocer la Verdad.

1 comentario:

edgar mauricio briceño dijo...

Exelente información.
Mauricio.