martes, 3 de abril de 2012

2012 - Parte III - El Dios que vuelve

En 683 y luego de 68 años de reinado Pacal fue sepultado en Palenque, entre Escrituras. La tumba, al fondo del templo que él mismo construyera alrededor de la que sería su cripta, fue sellada nueve años después (692), al final del Katún 9.13.0.0.0. cuando Chan Bahlum consagró a la Tríada de dioses del origen (GI, GII, y GIII, en los años 60’, pues aún no se podía leer los jeroglíficos. Ahora GI,Venus. GII, aspecto juvenil del Dios K, o K’awil niño, y GIII, K’inich o Sol) los templos del Sol Negro (Sol nocturno o del Jaguar), de la Cruz Foliada y de la Cruz, (Chronicle of the Maya Kings and Queens, Martín y Grube, 2008). “Cruces” que son “Árboles del Mundo” y describen eventos relacionados con el mecanismo astronómico que figura en la Loza de Pacal. Los siglos y la selva hicieron desaparecer la tumba, el Templo y la misma ciudad de las Serpientes, Nachán, que floreció en Bakal, el Reino de las Garzas… volvería a la luz como Palenque en 1567, “fundada” por Pedro Laurencio y adquirió importancia arqueológica en 1740.

En 1952, el Arqueólogo Alberto Ruz examinando por casualidad una irregularidad del piso en la cima del templo entre los tres paneles de inscripciones, encontró el pasaje de ingreso que devolvió al asombro de los arqueólogos uno de los lugares más misteriosos de Nachán-Palenque. Habían pasado 1.260 años.

Con Pacal en Xibalbá, todo el sistema que cumplía la misión de incorporar los dioses a la historia quedó bajo la responsabilidad de Chan Bahlum, el mayor de los dos hijos del Escudo. “El hijo es el secreto de su padre” decía el filósofo y místico sufí Ibn Arabí (Fucuc Al Hikam, Los Engarces de la Sabiduría, Siglo XIII) hablando de Seth luego de exponer la misión de Adán: “simboliza el aspecto interior…” Así pues, Chan Bahlum, “el hijo que proclama al Padre”, realizaría los ritos necesarios para conservar y “pasar” la clave del secreto al linaje de Reyes que servía de vehículo. La glorificación de Pacal era algo más que un discurso o una vaga promesa de resurrección y había un mecanismo tradicional para lograrlo.

Por otro lado, la idea del regreso de sus Instructores se encuentra tanto asociada a Pacal y Chan Balum como presente en el Hinduísmo que pone su esperanza en Kalki, Décimo Avatar de Vishnú que descenderá a la Tierra al final del Kali Yuga (la cuarta y última edad, el reino de la obscuridad) para abrir un nuevo Satya Yuga, Edad de Sabiduría; en el Budismo que espera a Maitreya, en el Cristianismo a la expectativa de la Segunda Venida prometida por su Salvador, o en el Islam que verá “al final de los tiempos” al Imam Mahdi. Cuando entraron en el Gran Océano, también Wiracocha y Quetzalcoatl hicieron una promesa semejante.

La expectativa de estas tradiciones convierte el mitologema del “Dios que vuelve” en eje de la esperanza escatológica de sus pueblos y fundamento de métodos que, en lo individual, se aplican a la autorrealización, desde técnicas psicofísicas como en el Hatha Yoga: posiciones del cuerpo (asanas), respiraciones (pranayamas), meditación (dharana), hasta el uso de enteógenos como Amanita muscaria, o Lophophopora williamsii, pero, utilizadas en este mundo postmoderno, fuera de contexto e ignorando su finalidad última, no funcionan en la forma esperada, aunque de hecho producen los “efectos” físicos individuales. En lo colectivo, despliegan mecanismos que regulan fases de un trabajo que debe culminar en el retorno del héroe que lleva la vida social a la meta de su hierohistoria, donde se revela todo su sentido y dirección. Así surgen “pueblos de dios”, órdenes iniciáticas y religiosas o misiones civilizadoras que incluyen la difusión de este pensamiento por diversos medios. Los pueblos antiguos no son los únicos que buscan el significado de su tiempo, secularizada, muy semejante es la visión hegeliana de la historia que quiere entender el desarrollo de la civilización occidental como ámbito de la hipostasis del espíritu.

Desde luego, todos estos retornos o “descensos” (de la palabra sánscrita Avatarati, presente de Indicativo de la 3ª. persona singular, que significa “él desciende”) se producen en el Tiempo…que los avatares vencen a través de la profecía, así como vencen al espacio “convirtiéndose en millones”, como en la expresión aymara que utilizó Tupak Katari (Águila Serpiente, 1750-1781), antes de ser asesinado luego de la gran rebelión que sitió La Paz.

No hay movimiento fuera del tiempo y no existe el tiempo sino por el movimiento expresado en los ciclos planetarios o en la sucesión de estaciones que los pueblos estudiaron no sólo para sembrar y cosechar con eficiencia…

***

 -Recordó que el Tiempo, junto al Oro y al Crisol, constituía uno de los misterios en la Alquimia. Los griegos lo llamaron Kronos y los romanos Saturno a quien el Tetrabiblos de Ptolomeo ponía en la arquitectura de los mundos como regente de la esfera más alta, no por ser el planeta más grande y lejano, sino por gobernar el movimiento de las esferas interiores (los planetas entre el Sol y Saturno) en ciclos a veces de gran complejidad por el punto de vista geocéntrico.

Era a la Edad de Saturno a la que Virgilio había llamado “Edad de Oro” en su Égloga Cuarta del año 42 a.C., y su anuncio, para este poeta a quien los latinos atribuían dones proféticos, se produjo con el advenimiento de Jesús. Casi dos mil años después, Saturno fue remplazado por Urano (descubierto en 1781) y la Edad de Oro, se convirtió en Aquarius, Era en la que el Saber, como corresponde al Satya Yuga hindú (Satya, verdad; Yuga, ciclo de tiempo) que es su equivalente, pone a la luz una serie de misterios presentes en la experiencia humana, entre ellos, el del tiempo, según la antigua promesa de una edad de conocimiento y ciencia, explícita en la doctrina de los Yugas o en la Cosmogonía de Hesíodo.

Y era por la llegada de ese tiempo del saber que se cumplía lo escrito en el Evangelio de Tomás: “Lo que está oculto ante ti, te será desvelado; pues no hay nada escondido que no será manifestado”… “todo está develado ante el Cielo. No hay nada escondido que no será manifestado y nada de lo cubierto quedará sin ser revelado…” En Marcos (4,22), Lucas (8,17) y Mateo (10,26) había leído algo muy similar a esta traducción que hizo H. C. Puech de uno de los trece volúmenes de manuscritos forrados con cuero que se encontraron en Nag Hammadi, cerca de Kenoboskión en 1945 y conservados detrás de las vidrieras del Museo Copto del viejo Cairo.

Era esa la razón –pensó- por la cual el tiempo, visto como Shakti (fuerza) de Shiva (3ª. expresión de la Divinidad) en el hinduismo o como un Ser cuyos órganos están constituidos por nosotros y nuestro acontecer entre los Ismailitas estudiados por Corbin (Tiempo cíclico y gnosis ismaeliana), fue incorporado por Einstein al espacio, en la cosmovisión occidental y luego analizado metafísicamente por Heidegger, antes de aproximarnos a la comprensión de su significado y mecanismos. Transcurridos Cien Años de Soledad, el desciframiento del misterioso manuscrito en el cual el intemporal Melquíades revelaba el destino de Macondo, coincidía con el tiempo final de la estirpe relatada en esas hojas desprendidas del árbol de los días. Ahora, la humanidad encaraba colectivamente el final de varios calendarios que las “razas” habían concebido para encontrar en un futuro más o menos insondable, el cumplimiento de antiguas profecías.

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Utz Chan, Serpiente de Humo, se elevó formando en el aire caliente e inmóvil de Palenque una S cuyo extremo señalaba directamente el grado 231 del Zodíaco. Luego de la salida de los sacerdotes, Chan Bahlum ascendía los 72 escalones que llevaban de la tumba hacia lo alto del templo, siguiendo el rastro apenas perceptible del “tubo espiritual” que unía la cripta con la cima. Cumplidos los ritos junto a su hermano y el grupo de magos, emergió de la profundidad del templo cubierto de inscripciones donde dejaba a su padre en un sueño sin sueños que duraría trece siglos, hasta el final del Baktún trece que cerraría el Quinto Sol de nuestro Ciclo. La sangre de cinco víctimas varones y una mujer contribuiría a la eficacia del ritual.

Con los métodos tradicionales de la Ciencia de los Mundos que con sus astrónomos recibiera de los Colegios Olmecas, buscaba el tiempo y el lugar donde reaparecería Pacal, al final de la cuenta de los días.

Serpiente de humo desapareció, al apagarse el fuego que ponía a Chan Bahlum en comunión con su linaje y con los dioses, consumiendo los últimos fragmentos del ámatl sagrado que secaba la sangre de su pene perforado por la punta de obsidiana de la lanza, en curiosa semejanza con la que causa una herida idéntica en el Rey Pescador hundiendo al reino en la melancolía curada solamente por la pureza de Sir Galahad, al traer de vuelta a Waste Land la Copa donde José de Arimatea recogió la sangre del Rey Salvador del Mundo, para llevarla a los dominios del Preste Juan en una reabsorción de la milenaria Tradición hacia su centro originario, más allá de los desiertos del Takla Makán, al otro lado del mundo.

La posición de las dos heridas remite a los siempre silenciados misterios del Ojas Shakti Yoga, término que no necesita explicaciones, para designar la Sangre real: Nepesh hebreo, sangre y doctrina metafísica a la vez que brota –mezclada con agua- del costado derecho de Jesús atravesado por la lanza de Longinos en el Gólgota. Nacía de esta manera un misterio iniciático, reservado en Asia Central, de donde siglos después fue tomado por el Tasawwuf de la Caballería Musulmana y sus Dais (Instructores) para entregarlo en el Cercano Oriente, entre los siglos XII y XIII, a la “milicia privada de Dios”, los monjes guerreros del Temple respaldados por Bernard de Clairvaux que llevaban bordada en rojo sobre el hábito blanco la Cruz de las ocho beatitudes. Para la historia, estas dos caballerías se enfrentaban en una guerra (las Cruzadas) por los lugares santos de los tres monoteísmos, pero su contacto devolvió a occidente -bajo la imagen de un Cáliz que contiene la Sangre del Salvador- una doctrina iniciática precisa, que conoció un destino luminoso al convertirse en tema central del naciente roman que bardos y trovadores difundieron por Europa.

En la forma de su herida los tres reyes, separados sólo por el tiempo, reproducían el plano de la Eclíptica, tocada por la lanza-eje cuyo movimiento alrededor del polo de la Esfera Celeste seguido cuidadosamente por los sacerdotes astrónomos, tardaba casi 26.000 años creando el Gran Ciclo que los sabios reprodujeron en los 260 días del Tzolkin, “año” de 13 Kines cada uno con 20 uinal.

En Mesoamérica, los sacerdotes conocían otra forma de calcular los tiempos, similar a la estudiada en los Andes Centrales por W. Sullivan (Universidad de St. Andrew), observando las conjunciones de Pirua (Júpiter) y Haucha (Saturno), repetidas en ciclos de 20 años y correspondientes al encuentro entre Wiracocha, Señor del Tiempo (Saturno) que entrega “el bastón” (Eje inclinado) a Manco Cápac (Júpiter), al inicio del calendario y el linaje de trece reyes del Imperio Inca, cambio social ocurrido en medio de la guerra de los señores de Huari, que llevó a la salida de Tunapa-Wiracocha hacia el noroccidente hasta desaparecer en el Océano, por las costas de Ecuador. Poco antes las alpacas (Pacos, en Quichua y en su segunda acepción, hombre sabio o astrónomo) con su tristeza (melancolía saturnina del Ángel en el Grabado de Durero) anunciaron el inminente Pachacutic negándose a comer, según los Mitos de Huarochirí. Para salvar la raza humana, convencieron a los pastores de subir al Vilcacoto que señala el solsticio de Verano y contemplar “un mes antes del amanecer del 22 de Junio del 650, la Salida de las Pléyades, entre La Llama y la Zorra” cerca del Cuello del Toro, eventos que señalaban el fin del mundo (W. Sullivan, El secreto de los Incas, 1.999)

Miró al norte y vio a Alfa de la Osa. Generaciones de astrónomos habían visto que el polo se movía, 33 Baktunes atrás señalaba a Vega, en la constelación de Lira… y cientos de generaciones habían visto a Ki’nich levantarse, por lo menos cuatro veces, contra un fondo de estrellas diferente. A la vez, como la ciénega que crece junto al Usumacinta, se movía el puente que unía la Tierra y el camino inclinado que todos los dioses recorrían. Ese camino idéntico a la cancha en la que señores y guerreros, golpeando con sus cuerpos hacían pasar la esfera de Ki´nich formada con las lágrimas del hule a través del punto exacto donde se igualaban las noches y los días, marcado por el anillo construido a poca altura y solo en el muro rojo de los Templos, mientras los con piel de jaguar vigilaban las esquinas amarilla y blanca del Kan tzuk, donde el trono del sol se situaba lo más alto en el cielo; así despertaba el Itz de los Bacab, poder mágico de los señores de los cuatro costados.

En los cielos, Serpiente de Humo entró a su mansión (Ku) por donde Vacub-Kaxiq, posado en las altas ramas de Wakah-chan, recibió la Flecha de Hunabqu cuando Escorpión caminaba por los pies del árbol. Sobre Antares, opuesto a la desarmonía y a la guerra marciana entre Principios, Utz Chan expandió sus dos naturalezas, luz y sombra, K’inich y Hunaab, entrecruzadas a lo largo del bastón de Oppiuchus, que como Indra bebedor de Soma antes de derrotar a Vrtra, la serpiente del noveno chakra del Rig Veda, ordenaba el caos…

Serpiente, Águila, Sagita, Escorpión, Opiucchus… Utz Chan conoce la vía del misterio que conduce al centro. Creada por el fuego y alimentada con sangre, su vuelo anima el aire camino a Hunrrakán, fuerza del Corazón del Cielo que en los hombres asciende por la columna hasta volver al Pensamiento, su naturaleza y su origen.

Al filo de la noche que intensifica el color rojo del sagrado templo, veinte y dos metros más abajo, en un silencio que la multitud solo observa en los ritos de renovación del Fuego, los Ahauob esperan junto a los guerreros que el aroma del copal inunde con su loa el tríptico en la cima, anunciando el encuentro del lugar al que muchos de los que ahora viven este sacrificio colectivo haciendo también sangrar sus cuerpos atravesados por astillas perfumadas, serán conducidos por los señores de Xibalbá, unos años antes de que llegue el tiempo.

Un grito profundo hizo volar las aves sobre los guayacanes más allá del río, la multitud expectante comprendió. En su éxtasis, el hijo del Señor veía Al-que-vuelve viajando en la sombra de la Luna sobre las islas que emergieron después de la última Gran Inundación. Cuando la cola de la noche cubra el Gran Océano dos Uinal (40 kin) antes de que la Tierra, Ahau y Hunab Ku, vuelvan a juntarse al final de los números, trece baktunes después de su comienzo.

Los hombres dirían que, vistas así las cosas, era éste el evento con el cual los Mayas, a quienes los sacerdotes conocían como “Los Pocos” o “Los Sobrevivientes”, habían sincronizado la rueda del tiempo, dejando claro que los días empezaban a correr un 13 de Agosto de 3113 cuando Quetzalcoatl, emergido de las aguas de Escorpión en la Gran Vía, les enseñó el secreto de los signos y la ciencia de los cielos, mientras nacían Hermes en Egipto y Fo-Hi en las mesetas cercanas a Mongolia interior, donde se refugiaron los primeros Ahauob, salvando de las aguas la ciencia de otro tiempo.

Para entonces sus descendientes, ellos-mismos pero sólo en otro cuero, otros rostros y otras manos con el mismo corazón, mirarán al Sol y a un puño por debajo de él –la distancia que mide Hunaab Ku cuando sostiene el mundo- se re-encontrarán con su Principio, el mismo que ellos-mismos vieron.

Sus ancianos repetían que 30 katunes atrás, la Gran Inundación fue vista al otro lado de la Vía, cuando el Puente señalaba al signo del León, opuesto a Aquarius que verterá su agua luminosa muy cerca de la gran resurrección. Y fue junto al trópico de Cáncer, al norte, donde desapareció la mayor parte de tierras bajo la fuerza de Atl que envió su Serpiente sobre el mundo cubriéndolo todo, como en el origen que ya pocos recordaban. 

Chan Bahlum tenía 46 años, 6 meses y 10 días cuando se proclamó Rey de Nachán, la ciudad de las Serpientes, el 10 de Enero de 692, nueve años después de que su padre, el 31 de Agosto, entrara “en el camino blanco” (La Vía Láctea) iniciando el descenso entre los nueve señores de la noche, que con los trece del mundo superior, completaban el esquema cosmológico maya. Esos trece cielos eran todos el Baktun número trece.

El Rey miró la rueda del tiempo: mostraba que este año en que sellaba la Tumba de su padre, correspondía a Uaxak, número 8. Se iniciaba el ocultamiento en Xibalbá y pasarían 34 ciclos, uno por cada año que tenía Bahlam Kuk (Jaguar o Mago Quetzal) al iniciar este linaje, de 36 años cada uno, hasta que llegue el tiempo de un segundo descenso del Principio en un gran renacimiento que identificará al Sol y al Absoluto. Una vuelta más y la tumba vuelve a ver la luz 1.260 años después de su ingreso entre las sombras.

La rueda del tiempo volvió a girar cuando Chan Balum buscó el eclipse que esperaban en el año 700. Señalaba el sur y la cifra 16. También decía que el Sol Negro devoraría al Rojo en la misma isla, 1312 años después, cuando otro eclipse recorriendo el silencio de las Grandes Aguas, traería de regreso a su Principio, en el tiempo de la cifra 32.

Debemos ir al sur –pensó-. En Las Cruces, en el Templo del Jaguar, su imagen radiante de poder señala al sur también (como la imagen de Pacal cuando se coronaba rey), al origen de la luz y en dirección a la Gran Nube que en las noches veían emerger del mar cuando los hombres subían hasta la orilla de las Aguas. Siempre juntos, Hunab Qu y Ki’nich eran equilibrio asimétrico. Si en aquel tiempo Atl había inundado el norte, en el que viene emergerían nuevas tierras, bajo nuevos cielos, para nuevos hombres. A los dos lados del Océano otra vez sereno después de devorar las islas, ningún rey temía el paso por el mundo de los muertos...

Todo tenía la naturaleza ser y no-ser, Ki´nich y Hunab qu del pensamiento, también los hijos de la Mente-cuando-nada-había, antes de que llegara la Palabra…

“Cuando todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio, todo inmóvil, callado y vacía la extensión del cielo”…“en la oscuridad, en la noche, hablaron entre sí Tepeu y Gutumatz. Consultando entre sí y meditando, se pusieron de acuerdo, juntaron sus palabras y su pensamiento. Entonces se manifestó con claridad, que cuando amaneciera debía aparecer el hombre…”

-El Libro de la Comunidad resonaba en su interior. La mente era todo el universo, así su “desarrollo” entre los hombres siempre, en todas partes, repetía la eterna evolución del cosmos. Como es arriba, es abajo, como es abajo es arriba… decían en su Tabula Smaragdina los Antiguos que sembraron los bosques de caoba con enormes cabezas que parecían de otras tierras y que, curiosamente también llamaban Atl a las Grandes Aguas, cuando se separó en dos pueblos lo que había sido uno solo… Cada ser repetía en sí mismo no sólo las partes de los cielos sino los movimientos que desde el inicio se encontraban idénticos en todas las cosas.

Cuando el Bahlam despertaba en su corazón, el saber no le venía por los sentidos ni por los pensamientos: veía directamente el interior iluminado de las cosas. Agujero Negro y Sol para los ojos, Hunaab qu y K’inich entre los Dioses, Pacal y Chan Balum entre los hombres eran como en la ciencia unitaria de Otro Despierto a Lo Mismo: Yang y Yinn… Todo era Uno… decían los sabios, con una comprensión que provenía de la comarca de los justos, de esos dominios sintéticos que se abren a la universalidad del saber, que consultaba guiado por la ciencia de los mundos. Yod del Nequodah hebreo y En to pan al centro del Ouroborus griego… Sin saberlo, su cultura y sus tradiciones habían resuelto la separación en la que terminaban los pensadores del mundo antiguo occidental.

Perdidas las ciencias, los hombres llamarían facultades sobrenaturales a los cálculos precisos dentro de un mecanismo que otros pueblos comprendieron, así afirmaba la Sabiduría: “Cuando se aproxime la época mesiánica, hasta los niños sabrán lo que habrá de venir y todo gracias a los cálculos”

-Inició su viaje en el Meridiano 78, el de la Luz, que cruza por el Centro del Mundo y corre sobre las Aguas del Origen, Vía Húmeda que atraviesa el paralelo 33. Con la mirada puesta en la cifra 111, el Uno manifiesto en Triunidad, Tres Principios y una Triple Obra que se reunirán en la Montaña de Tres Puntas.

Encontraron las islas en el punto señalado por los sabios y, moldeadas por el viento y por los siglos, las formas de la montaña donde descenderán los dioses cuando asciendan los hombres, abiertos los ojos por el sol del sur que hará evidente el último resultado de la Ciencia.

Entonces, ya no se abandonarán ciudades a la selva como ocurría casi cada 400 años, siguiendo el pentágono que los tránsitos de Venus formaban en los cielos; la cuenta habría terminado y empezaría un nuevo mundo, al final de Cinco Soles marcados como los cinco movimientos en el Gran Estudio de los Chinos.

***

Poco antes del final del reinado de Chan Balun, ocurrieron dos eclipses de sol. Uno en 699. El segundo, anular, sobre el paralelo 30° Sur, recorrió los actuales Chile y Argentina, el 15 de Noviembre del año 700 muy cerca del grado 20 de Escorpión, de la serie de Saros 102; a una altura de 60°, cruzó sobre el archipiélago Juan Fernández como el eclipse total de la serie de Saros 133 que será visible cerca de la isla, el 13 de Noviembre de 2012, en el grado 21 de Escorpión. La rueda del tiempo señalaba el número 16 para el primero y el 32 para el final de estos dos eventos que expresan una misma ley.

Nadie ha encontrado la tumba de Chan Balum, que desapareció en el año 702 tal vez prisionero en otra de las ciudades del Mayab. Por otro lado, el Archipiélago Juan Fernández formado por erupciones submarinas hace unos dos millones de años frente a las costas de Chile, es rico en leyendas prestigiosas.

“Descubierto” por los españoles el 22 de Noviembre de 1574, abrigó piratas en los siglos XVII y XVIII, un fuerte militar en el XIX y desde antes, varios “tesoros” entre ellos el collar de una coya de Atahualpa, algunos anillos papales y una joya llamada Rosa de los Vientos…

El 27 de febrero de 2010 un Tsunami arrasó el puerto de San Juan Bautista, en la Isla donde es célebre la cueva que sirvió de refugio al marino escocés Alejando Selkirk, abandonado allí por voluntad propia en 1704. Vivió como eremita cuatro años y cuatro meses en los bosques de sándalo. Construyó una cabaña cubierta con piel de cabras que junto a docenas de gatos y una Biblia lo acompañaron hasta 1709. Fue rescatado por el barco corsario “El Duque”, que tocó el Callao, capturó galeones españoles frente a México y puso rescate a Guayaquil, antes de partir hacia Batavia y dar la vuelta al mundo. Llegó al Támesis cargado de tesoros, en 1711. Un año más tarde, en Londres, el contramaestre Selkirk contó su historia en los Mares del Sur a Daniel Defoe, autor de Robinson Crusoe. Murió a bordo del Weymouth, frente a las costas de África, a los 47 años.

El silencio de los arqueólogos es la respuesta adecuada a la tesis de mayas, en concreto Chan Balum y sus sacerdotes, navegando en el Océano Pacífico, hacia el Paralelo 33.

Por nuestra parte, nos interesa más el hecho de que en el mismo espacio concreto y accesible de un Archipiélago, coexisten varios “espacios simbólicos” que no son elaboración de alguien y están más bien marcados por hechos que provienen de diversas fuentes.

Para abordar éste, uno de los temas más complejos y útiles a la hora de considerar si nos referimos a una realidad presente en “distintos tiempos” a la vez, es necesario examinar nuestra concepción del tiempo y el espacio.

En la imagen -imaginario científico de Holton (1982)- que nos hacemos de “la realidad”, como “presupuestos temáticos”, “esquemas y arquetipos” que la sutil psicología budista describió en su doctrina de los Skandas (nombre-forma, sensación, percepción, volición y conciencia…) está la dificultad para comprender qué entendían los mayas y los pueblos “tradicionales”, por el “regreso” de sus héroes civilizadores. Aceptamos sin mayor discusión que nuestro sentido común –apenas otra imagen- no coincide con la insólita descripción cuántica del mundo: electrones que están a la vez en dos sitios diferentes y “deciden” donde situarse cuando los medimos, gatos como el de Schrödinger “vivos y muertos a la vez” hasta el instante mismo en que destapamos la caja donde están junto a su veneno, siendo nuestra medición la que define el estado en que se encuentran…No debería sernos muy difícil, con informaciones un poco más extensas, llegar a percibir lo que ellos entendían por esa resurrección.

El tiempo

Una parte esencial del lenguaje de los mayas comprensible hasta hace algunos siglos, ya no lo es más, y no nos referimos a los jeroglíficos. No es posible acceder al significado de sus ideas y visión de la historia, sin considerar su comprensión del tiempo y los mecanismos que encontraron para medirlo.

Entre todas las civilizaciones, al parecer sólo la nuestra percibe el tiempo como algo constante, idéntico para todos los observadores, que avanza en línea recta desde T1 hacia T2, ilusión que desde Galileo y Newton aumentó al creerlo absoluto y homogéneo.

Einstein nos hizo comprender que era relativo al movimiento de los observadores e inseparable del espacio. Los investigadores de lo sagrado, de Elíade a Corbin, de Dumézil, Scholem y Otto a Jung, nos hablaron de su heterogeneidad, marcada por el significado.

Poco antes del Cristianismo, es decir, hasta hace unos dos mil años, nadie pensaba que el tiempo debía tener un origen, pero, dado que un Génesis mal traducido decía “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Gén.1,1), no era cuestión de andar por ahí, con la pretensión de leer El Libro a nuestro antojo y quienes se auto-designaron únicos intérpretes oficiales del texto, nos obligaron a aceptar un “comienzo” en El Principio. No son infrecuentes las historias de personas heroicas que llegan a perder la vida por sus “principios”, pero nadie está tan loco como para arriesgar un pelo por sus “comienzos…” lo que quiera que esto signifique. Tuvimos que asumir que “lo permanente” de otras civilizaciones, entre ellas la griega que nos enseñó a pensar, tuviera un inicio…lo cual creaba, para la civilización occidental forjada también al calor bíblico, un pequeño inconveniente “¿Qué había antes de que existiera el tiempo…? La pregunta carece de sentido, pues el “antes” es una categoría temporal y no hay nada que buscar o esperar como respuesta, lo que sólo aumenta nuestra curiosidad incontenible que El Libro no se molesta en mitigar: la voluntad divina no iba a descender a lidiar con palabras simples originadas en la ignorancia de los hombres…

Pero la verdadera razón por la cual en el Libro de Moisés no existe respuesta posible a esa pregunta consiste en que tampoco para sus “autores” el tiempo había tenido jamás ningún “comienzo”… y es irrelevante lo que opinen los teólogos de cualquier forma religiosa basada en este Libro.

Los Colegios Mosaicos, que nada tienen que ver con el espectacular “Moisés” que separa las aguas del Mar Rojo, del genial creador de sueños Cecil DeMille (1956), transmitieron su saber a los colegios de Esdras durante el cautiverio de Israel en Babilonia, cuando el Profeta Ezra fijó por escrito una transmisión oral que se extinguía, y jamás hablaron de aquello… tal vez no pensaron que la necedad humana llegaría a ser tan basta como para tomar el Principio, es decir, el punto de partida de un sistema, el centro alrededor del cual giraba un universo o la idea que fundamenta una concepción de la realidad, por “comienzo”.
La versión griega del Antiguo Testamento, Septuaginta compuesta por “setenta doctores” de Israel, aunque conservó algunos textos considerados Apócrifos después -como el Libro de Judith, la Sabiduría de Salomón, Apocalipsis de Esdras- tradujo de prisa en Alejandría (300 a 200 a.C.) las Escrituras de los judíos helenistas que veían desaparecer su lengua bajo los Ptolomeos. Cuatro siglos más tarde, en el Areópago al pie del Partenón, Pablo usó esta versión sorprendiendo a los atenienses al informarles acerca de “la llegada de un nuevo dios”. También los primeros cristianos conocieron esta imperfecta traducción que influyó profundamente en la redacción del Nuevo Testamento y sirvió a Jerónimo (340-420), uno de los cuatro Doctores de la Iglesia, que hablaba griego pero no conocía el hebreo, para redactar la Vulgata, versión latina de la Biblia convertida en texto oficial de la Iglesia Católica Romana por más de 1.500 años.

La Vulgata no consideró correctamente la lengua en la cual, el primer versículo del Génesis dice Baereshit, cuya Beth inicial (nuestra “B”) es una partícula hebrea que indica un caso locativo, traducible como “En”… y rashit, cabeza, cumbre de una montaña y, por extensión, “Lo Principal”, en el sentido de el “Principio”, lo que funda o da su esencia a algo, aquello sobre lo cual se construye la totalidad de cada cosa, lo que va “a la cabeza” …La idea subyacente no es temporal, si acaso, ontológica: se trata de una declaración, una afirmación del SER-Principio de la realidad desplegado en seis direcciones: Bara-shit (emanar u originar seis…), pero aquí, ya hemos dividido la “palabra” de una manera diferente…

Sí, hay más de una traducción en la misma palabra, o mejor, en las mismas letras, pues el texto hebreo no separa el continuum de morfemas (símbolo de la unidad de la materia) que constituye la Torah, en libros, capítulos o frases y menos aún en palabras. Cada hijo de esta Tradición recibe en el curso de una verdadera iniciación que pasa de padres a hijos, la división, pronunciación y acentos con las que en medio de una fiesta espiritual (Benei y Bat mitzvá), los niños salmodian en público y por primera vez la Torah, al alcanzar la madurez… Para mayor suerte de los egipcios -y de los hebreos que heredaron la tradición del Nilo- las palabras en su lengua tenían, como todo verbo sagrado, varios niveles de significación.

Baeraeschit bara Aelohim, eth ha Shamaim ve’et ha aretz leído por la iglesia de modo que no cause problemas dice “En el principio creó Dios los cielos y la tierra…” Pero cuando atendemos a la lengua original: El Principio (Raeshit) emanó (bara) seis (schit) El-la-los dioses (Ael-h-im) son las alternativas para las primeras tres palabras. Y la tercera, traducida rápidamente como Dios, además de incluir en su composición los géneros masculino (Ael) y femenino (h), es un sustantivo masculino y plural (im) que sin duda pone en apuros a los defensores del monoteísmo…

Todo esto si se considera sólo su traducción, pues Aelohim analizado desde la Gnosis oculta de Israel que “Moisés” recibió en el Sinaí junto a la Ley, donde las letras son números: A=1, L=30, H= 5, I=10, M=40 se convierte en 1, 30, 5, 10 y 40. Obtendríamos los mismos valores si la palabra estuviera escrita con letras griegas. Al reordenar las cifras (Themoura) se llega a 3, 1, 40, 10 y 5 que, suprimidos los ceros (que “expanden”), nos permite ver que el Dios al que se hace referencia es 3,1415 o Pi, el conocido número irracional y trascendente que entra en la composición de numerosas fórmulas geométricas, algebraicas, ecuaciones matemáticas o físicas y algunas constantes cosmológicas. Su condición de trascendente (probada por Lindemann en 1882) demuestra que ni con operaciones (algebraicamente) ni con compás y escuadra (geométricamente) es posible construir un cuadrado con la misma área que un círculo dado. Es decir, la operación de cuadratura del círculo a la que se refirió el pensamiento tradicional antiguo, implica algo más que cálculo o geometría.

En un círculo Pi es el número de diámetros que hacen su circunferencia, estableciendo una relación directa entre lo recto y lo curvo…lo abstracto y lo concreto. Todo esto suena claramente a geometría: En (B) el Principio (rashit) emanó (bara); pero también: en el seno de ese Principio, emana seis (Barashit) la Relación (Aelohim), el principio de la totalidad (eth: aleph y tau, primera y última letras del alefato) de los cielos (ha Shamaim) y (ve) el principio de la totalidad (eth)de la Tierra (ha haretz), que a estas alturas ya no podemos suponerlos sólo referidos al planeta. La idea se simboliza con una Estrella de Salomón formada por dos triángulos opuestos entrelazados, que dan origen a la estrella de seis puntas, formada por seis diámetros de la circunferencia que la inscribe.

Fabre D’Olivet (1767-1825) en La Langue Hebraique restituée, Dissertation Introductive, Cap III, afirma que luego del cautiverio de Babilonia, la Lengua Hebraica dejó de ser conocida por un pueblo basto, y pasó de un origen intelectual a estar compuesta de elementos materiales: “La Biblia lo muestra, el Talmud lo afirma, y ése es el sentimiento de los rabinos más famosos”…” “casi seis siglos antes de Cristo, los Hebreos, convertidos en Judíos, ya no hablaban ni entendían su lengua original. Se servían de un dialecto siríaco, llamado Arameo, formado por la reunión de idiomas de Asiria y Fenicia, y muy diferente del Nabateo que, según d’Herbelot, era el Caldeo Puro. A partir de esta época, el Sepher de Moisés siempre fue parafraseado en las sinagogas. Se sabe que después de la lectura de cada versículo, había un intérprete encargado de explicarlo al pueblo en lengua vulgar. De allí viene aquello que se ha llamado Targums...” y más adelante: “parece exacto que el sentido de las palabras hebreas se volvió cada vez más incierto, generando disputas violentas sobre la interpretación que debía darse al Sepher. Unos pretendían poseer la ley oral dada en secreto a Moisés y querían imponer estas explicaciones en todo, otros negaban la existencia de esta ley; rechazando toda clase de tradiciones, querían atenerse a las explicaciones más literales y materiales”. La primera secta era la de los fariseos, que veían un sentido espiritual en el texto y trataban como alegorías lo que les parecía obscuro, la otra de los saduceos consideraba las tradiciones de los doctores como simples fábulas…entre las dos, la Secta de los Esenios (a la cual pertenecían Juan Aschai, el Bautista y luego Jesús…) era infinitamente más instruida: “Ellos conservaban la letra y el sentido material exterior, y guardaban la tradición y la ley oral para el secreto del santuario”. Los fariseos a fuerza de buscar en todo la alegoría, quedaban en la pura apariencia, reprochada por Jesús; de ellos descienden los judíos modernos, a excepción de aquellos verdaderos sabios cuya tradición se remonta a los Esenios…

Probablemente Moisés no fue una persona concreta, los Antiguos solían poner su saber bajo nombres epónimos que ocultaban escuelas de pensamiento, ideas filosóficas y tradiciones enteras. Valmiki en la India, “autor”del Mahabharata y del Ramayana, Hermes en Egipto y sus mil libros, junto a Homero que no fue un “poeta ciego” sino una escuela que cifró en la Ilíada y la Odisea un saber ya muy antiguo, son buenos ejemplos. Como quiera que fuese, no estamos ante el ingenuo relato de una creación en seis días, sino frente a un tratado científico, geométrico y matemático.

Entonces, al inicio de ese monumento de las Ciencias Iniciáticas de Occidente, que es la Biblia, no existe ningún “comienzo” y aunque los calendarios sí lo tienen, el Tiempo no, porque no es el calendario o los relojes, ni las unidades que lo miden.

***

Por otro lado, para concebir al Tiempo avanzando en línea recta desde un punto de comienzo en el pasado hacia algún futuro siempre incierto, debemos contar con un espacio plano, donde sería “real” una recta, según la cuarta definición del Libro I de la Geometría Euclidiana: “Una línea recta es aquella que yace por igual respecto de los puntos que están en ella” que tanto nos hizo sufrir con sus demostraciones abstractas… Pero el espacio se deforma. Desde que el “tensor” difiere de 0 (Einstein), la gravedad, una de las cuatro interacciones fundamentales del universo (junto a la débil, fuerte y electromagnética), “lo curva”. La “rectitud” de las líneas rectas junto a otras proposiciones geométricas como la de que la suma de los ángulos de un triángulo da siempre 180°, e incluso postulados como el Quinto que afirma que las paralelas nunca se juntan… son abstracciones, recursos del pensamiento que no corresponden a realidad física alguna y su consistencia depende de la coherencia lógica de los razonamientos que provienen del conjunto de definiciones, postulados, nociones comunes y teoremas recogidos por Euclides, en parte sistematizando un conocimiento que era patrimonio de Egipto y del Cercano Oriente. Cuando Einstein se dio cuenta de esto, escribió los 5 papers en el Año Milagroso (1905, Annus Mirabilis) y en 1916 publicó su Fundamentos de la Teoría general de la Relatividad, obras que cambiaron el pensamiento humano para siempre…

Si en nuestro universo prolongamos indefinidamente cualquier recta, obtendremos una curva. Así, toda recta es segmento de una curva inconmensurable y en un espacio curvo la dimensión temporal del universo, interdependiente con las tres espaciales, no puede “avanzar en línea recta”. De hecho, no se lo experimenta en relación con línea alguna, y menos recta.

Las ondas que se forman cuando una piedra cae en un estanque de aguas tranquilas no son “rectas”, sino circunferencias que se expanden en el medio líquido…Si el espacio es curvo, el tiempo también. La gravitación lo modifica y, aunque no lo podamos notar, envejecemos más lentamente en las alturas pues los relojes corren más deprisa a ras del suelo, porque “el proceso que tiene lugar dentro del reloj –y de forma general todo proceso físico- ocurre con una frecuencia tanto más rápida cuanto más grande sea el potencial gravitatorio del lugar donde se desarrolla” (El Principio de relatividad y sus consecuencias, Einstein, cit.p. Otero Carvajal), conclusiones con las cuales Einstein transformó la Teoría Especial (que no incluía la gravitación) en Teoría General de la Relatividad. Además, los objetos “se acortan” mientras el tiempo “se dilata” cuando “avanzan” en dirección del movimiento, lo que no se puede notar sino a velocidades cercanas a la de la luz.

Otras civilizaciones lo experimentaron no sólo curvo, sino incluso “circular” -aunque debemos tener el cuidado de no dar aquí a esta palabra una acepción geométrica- y manifestado en ciclos, y el inspirado filólogo y filósofo que en el siglo XIX nos entregó una audaz versión de Zaratustra, estremeció a Occidente hablando del “Eterno retorno…”

Pero la característica del tiempo que más interesa es la de su significación que hace a cada instante cualitativamente distinto de otro y, aunque no se referían exactamente a esto, tanto Jung como W. Pauli intuyeron que un componente esencial del tiempo tiene que ver con lo que significa para alguien…

Para cada quien y en todas partes, todos los lunes pueden ser desesperadamente iguales… pero el lunes de Navidad, por ejemplo, o el de su cumpleaños, es cualitativamente distinto. Es el tiempo de la fiesta y aunque como cualquier otro día tiene 24 horas, significa algo distinto y da sentido a lo anodino, convirtiendo la vida en una existencia sagrada…dondequiera y en cualquier tiempo en que se de.

En los relatos de las civilizaciones tradicionales no es la cifra temporal, histórica, la que cuenta en la percepción del tiempo. Sus libros sagrados casi no hacen referencia a ningún dato empírico: “había una vez” o “en aquel tiempo” no son fechas. Lo verdaderamente importante era la cualidad de ese período, de ese eón o ese “ser” que llamamos tiempo, manifestado en una narración simbólica a menudo construida con imágenes, deviene personas arquetípicas, deidades o héroes míticos.

Entre los gnósticos de los primeros siglos del cristianismo, el tiempo es el eón, a la vez persona y discurrir de la realidad. Por eso su gran investigador , H. C. Puech, escribió: “La Gnosis es incapaz de pensar racionalmente por conceptos o concretamente, aprehendiendo en su singularidad a las personas o eventos de la historia: los conceptos devienen para ella en esquemas de contornos mal definidos, Entidades semi-abstractas, semi-concretas, semi-personales, semi-impersonales; los “eones”…fragmentos de duración o de períodos de tiempo-espacializado e hipostasiados, elementos o personajes de un drama histórico-mitológico; y por otro lado, individuos y hechos históricos son sublimados a medio camino entre lo real y lo simbólico” (La Gnosis y los tiempos,1952. Cit. SRF PP XXV).

Es una “persona” lo que se muestra en el fluir, en el movimiento de la realidad, en el tiempo… y lo real, lo es, por ese “Nombre de Dios” que teofanizándose en persona, sustenta el mundo con un significado. La forma más perfecta y profunda en esta “individuación” en la que se expresa la significación del tiempo está presente en el pensamiento Ismailita, heredero de la angelología irania a través del antiguo Zoroastrismo, que antes inspiró muchos de los conceptos de la Gnosis.

A diferencia de las civilizaciones tradicionales, en Occidente, el tiempo con significado es casi un “descubrimiento” reciente y vuelve, en la constitución de los fenómenos, como una categoría existencial opuesta al absolutismo del tiempo newtoniano, recogido por Kant que lo suponía “forma a priori y trascendental de la sensibilidad”, continuo y homogéneo, aunque su idea funcionó y permitió desarrollar la ciencia, sin “estorbos metafísicos” hasta la descripción de fenómenos que se producen a bajas velocidades, de los cuales se puede tener experiencia física. La Relatividad pudo explicar después la dilatación y contracción del tiempo estudiando eventos que ocurren a velocidades cercanas a las de la luz. Así, dos hechos cuantitativamente separados en el tiempo que marcan los relojes pueden ser “contemporáneos” en su significado, patente en la existencia, que tiene su “tiempo propio”, el de lo incondicionado en el instante (Jaspers) y estas “intermitencias de la existencia” nos abren a una realidad hasta ahora desconocida. Así, y sin peligro de que nos encierren, es posible afirmar nuestra contemporaneidad con Lao Tzé, Platón o Newton, en una forma que podría sorprendernos mucho. Desde el punto de vista de la Física, nada impide que nuestro presente sea el pasado de alguien que nos sueña (Borges), y los famosos “siddhis” (sánsc. Poderes) de los Yoghis que son capaces de moverse entre los pliegues múltiples del tiempo sin burlar las leyes físicas, son los instrumentos de conocimiento más profundos, al alcance de quien se tome el trabajo de desarrollar sus centros de conciencia…

La concepción cíclica o circular del tiempo es común entre las civilizaciones que ven su devenir histórico como un trayecto que emanando de un Principio crea su espacio y su tiempo. Es decir, sacraliza la geografía y establece un calendario. “Al final” del tiempo del trayecto, que es sólo el final del calendario, nada regresa al comienzo, y todo vuelve al Principio… lo cual coincide con las reflexiones de Ilya Prigogine (Premio Nobel de Química ,1977) quien pensaba que la “flecha del tiempo” no se invierte. En nuestro Universo, técnicamente podemos viajar al futuro, pero para viajar al pasado y asistir a la paradoja de matar a nuestro abuelo …tendríamos que “vibrar” a una velocidad mayor que la de la luz con lo cual, si las matemáticas no fallan, nuestra masa se volvería infinita…luego, para ir es necesario abandonar el cuerpo. Si Contacto de Sagan no ayuda en ese intento, hay otra manera…

Ahora, esta visión cíclica no implica que después de un determinado número de siglos o milenios, o, más exactamente, después de que un linaje de reyes o el devenir de alguna colectividad ha concluido, se trate de volver al pasado, o al comienzo. Se “vuelve” al Principio…que sin pertenecer al pasado, al presente o al futuro, fundamenta la realidad y aunque en lo formal estos “retornos” son únicos en cada cultura, en todas se manifiesta con una fenomenología semejante y ninguna se refiere a un Principio diferente, sólo sus nombres son diversos. Todo el ritual mágico o religioso, los métodos de autorrealización ontológica, la fisiología mística, las técnicas alquímicas o yoguísticas dirigidas a la realización de ese Principio, son equivalentes en todas partes y, a medida que se profundizan las investigaciones, se reconocen los mismos métodos, las mismas fuerzas en juego, el mismo lenguaje simbólico, los mismos estados sucesivos de realización, hasta la identificación final, que a lo largo de las eras recibe diversos nombres.

Aplicadas individualmente: Moksha o liberación, Samadhi o identificación, Satori, Paraíso, Parusía, Reino de Dios, acceso a la Piedra filosofal…iluminación de Sahasrara Padma en el Tantrismo hindú y tibetano, trayecto de Malcuth a Kether en la Qabbalah hebrea; en lo colectivo es el encuentro con Buddha, Cristo, el Imam Mahdhi, el retorno de Pacal o el advenimiento de una Edad de Oro, en el sentido de “un mundo unido por la sabiduría”.

Por otra parte, la “curvatura” del universo (se sabe que aunque ilimitado, tiene un radio definido…) hace posible estudiar al espacio-tiempo como ciclos y, en la naturaleza junto a la recurrencia de las estaciones nada hay más cíclico que el “eterno” movimiento de planetas y estrellas en el cielo. Esto nos lleva a pensar en la forma científica en la que otras culturas analizaron el flujo del tiempo y eventualmente su significado.

Aparte del curso de los dioses-planetas en la eclíptica, fue motivo de mucha investigación el contacto y las relaciones de los cuerpos celestes entre sí. Desde los sumerios (2500 a.C.) los eclipses solares y lunares, particularmente en los ciclos llamados Saros (las mismas posiciones del Sol, la Luna y la Tierra) que se repiten cada 228 lunaciones o 6.585,3 días ( unos 18 años y 10 u 11 días) fueron usados con fines predictivos y los sacerdotes astrónomos vieron que la repetición de estos fenómenos en ciertas zonas, permitía hablar del cumplimiento de un ciclo asociado a un significado concreto, digamos más bien, expresión o significante de un significado. A este punto, de gran importancia, dedicamos un análisis más adelante, mientras tanto…

-“No hay efecto sin causa…”
                                                                                                                        
Decía con voz estentórea en el colegio más antiguo de América, lanzando a través de las ventanas abiertas hacia el huerto conventual el humo de una docena de cigarrillos que fumaba en sus clases el ascético franciscano Cirilo Pedrosa, mientras atados al Árbol de Porfirio nos torturaba a silogismo limpio inculcándonos su Lógica, … Ratificado por nuestra experiencia cuando vemos a los fenómenos sucederse unos a otros, este principio fue ampliamente recogido por la mecánica clásica, pero ¿Cómo se relacionan entre sí dos hechos sucesivos en el tiempo? ¿Cuál es la causa del flujo ininterrumpido de la realidad?

Laplace (1749-1827) afirmaba que si “un intelecto lo suficientemente vasto” conociera todas las fuerzas, posiciones y variables de los elementos de un sistema en un estado dado, podríamos predecir su futuro. La física relativista mantuvo este determinismo por el cual toda causa precede a su efecto, para un sistema y su observador inmóviles. Si se mueven, el efecto a producirse debe estar en el “cono de luz” de la causa que transmite información, haciendo una parte del futuro a la velocidad límite de 299.792 km/seg. aún en un espacio-tiempo curvo. Y Gödel, el amigo de Einstein que demostró la “incompletitud” de las Matemáticas que no pueden auto-aludirse o justificarse sino en un “nivel de realidad” que las trasciende…. (Un ojo no puede verse, una mano no puede asirse…pensó el monje, inmóvil frente a la piedra) probó que si la curva de tiempo es cerrada, el observador ve su pasado, situándose como efecto por delante de la causa… Por su parte, el Satkaryavada del Samkhya (Sánsc. Número, por la enumeración de los Tatvas o planos de la realidad; también conocimiento perfecto) uno de los seis sistemas filosóficos de la India -atribuido a Kapila- afirma que el efecto entra en la existencia antes de que se manifieste su causa. Lo cual sólo quiere decir que las Causas no necesariamente están presentes en el espacio-tiempo conocibles y que los efectos tienen que estar ya en ellas, pues “de la nada, nada sale…”

En cualquier caso, un problema importante aparece cuando suponemos llanamente que un fenómeno causa al siguiente…Las nociones de causalidad que manejamos fueron cuestionadas cuando Jung y W. Pauli (Premio Nobel en Física) postularon un principio de Sincronicidad, definida por el sucesor de Freud como “una coincidencia significativa de dos o más sucesos en la que está implicada algo más que una probabilidad aleatoria”, para dar cuenta precisamente de aquello que el mecanicismo racionalista llama “casualidad”. Pero el componente más interesante de la sincronicidad es el significado común que “une” los fenómenos, independientemente de su localización en el espacio-tiempo. Desde luego, esto es algo que sólo perciben los sujetos, aunque esto no necesariamente lo convierte en “subjetividad”.

La sincronicidad vive en una a-causalidad incómoda para una concepción científica en la que la mayor velocidad a la que se puede enviar información bordea los 300.000 kilómetros por segundo. Su manifestación “instantánea” entre fenómenos unidos por vínculos afectivos o en el curso de experiencias límite como la pérdida, la enfermedad o la muerte, nos enfrenta a la posibilidad de que más allá de nuestra obsesión por ver las cosas separadas, todo resulte unido por todas partes, causando simultáneamente todo lo demás…en un tejido universal que no fue extraño a las civilizaciones tradicionales, aunque desde Milchenson y Morley (1887), sabemos que no se trata de ningún éter físico.

Más allá de su evidencia psicológica, la transmisión instantánea de información se comprobó a través de experimentos con glóbulos blancos que, separados de sus dueños, siguen reaccionando a nivel molecular y eléctrico a las perturbaciones que ocurran en su dueño separado varios kilómetros, como si no se hubieran enterado de que ya están en un tubo de ensayo y no en el cuerpo en el que circulaban. El medio a través del cual se comunican con su donador está más cerca de la noción de campos mórficos de Sheldrake, en su biología de avanzada.

Esta unidad primordial puede “explicarse” a través de la Paradoja EPR (Einstein, Podolsky y Rosen, 1935), experimento mental concebido para cuestionar los principios de la física cuántica que, sin embargo observó que se pueden encontrar partículas integrando un sistema a partir de un estado de “entrelazamiento” tal que cuando se separan, las mediciones que se hacen de las propiedades en una de ellas, afectan y modifican a las de todo el sistema considerado.

El “entrelazamiento cuántico” implica transmisión de información a una velocidad mayor que la de la luz. Si la Teoría de la Relatividad es consistente, esto sólo podría verse “fuera”, de algún modo, de este universo espacio-temporal en el cual la velocidad de la luz aunque muy elevada, es también constante y limitada, o debemos admitir la existencia de una realidad múltiple, que incluya una dimensión continua y constante (el Uno que veremos separar en la operación con los tallos de Milenrama) con respecto a la cual el universo fenoménico está en perpetuo cambio. “El espacio interestelar contiene, invisibles para nosotros, globos celestes en los éteres”… Aún sin comprender el problema de la pluralidad de los mundos, es útil concebir que el cosmos está poblado de seres que viven en cuerpos psíquicos inimaginables para nosotros, afirmaba hace un siglo la Doctrina Secreta…

Esta “unidad” más allá de la distancia espacio-temporal, observable en partículas subatómicas, no se da en los objetos que finalmente éstas componen, pues al interactuar entre sí producen un fenómeno de decoherencia que cancela las propiedades originarias de entrelazamiento… y los objetos entran en una “realidad” que se describe con los principios de la mecánica clásica. Como en otros casos, la adición de información, es decir el acto de abrir la caja y mirar al gato, aporta nuestra “medición” al estado probabilístico “vivomuerto” del felino y define un resultado. Al final del cuento, todos sabemos, claro, que el gato está vivo o muerto y no habrá modo de “revertir” este resultado, cuando se presente en el futuro.
Entonces, hay algún “lugar”, que no es lugar y un “tiempo” fuera del tiempo, que sin ser el fantasmagórico éter y sin postular al daimon del “flogisto”, forma una matrix de información, a partir de la cual las cosas son… Desde aquí se puede considerar que un aspecto constante de la realidad vibra (movimiento, función onda, tiempo…) de modo tal que al hacer el mundo de los hombres, produce tales seres, unidos en sincronicidad con tales eventos astronómicos en el mundo de las estrellas, otro modo vibratorio del mismo aspecto constante. No es que los eventos astronómicos “causen” (influencien dirá el “objetivista” empedernido) fenómenos sociales o siquiera tengan algo que ver con los estados extáticos o depresivos que nos puedan asaltar en luna llena, no es una relación causal lo que une estos fenómenos, sino una sincronía: coinciden en el tiempo. Y la causa de estos hechos, su sincronicidad (cualidad…), no se encuentra en el espacio-tiempo del mundo de cuatro dimensiones. Se da, como en “la realidad del trabajo mágico” del pensamiento primitivo, en un estado sutil, donde habitan los significados, o, para usar un lenguaje contemporáneo, la información. Tal “estado”, uno entre tantos otros Universos, fue formalizado en ocho trigramas (Kouas) por Fo-Hi que luego originaron los 64 hexagramas del I-Ching.

La percepción de este mundo pertenece a lo que en el Tantrismo Hindú se denomina Chakra Vicchudda, “localizado” en la región de la garganta, físicamente presente como glándula tiroides y plexos nerviosos que la conectan con el centro donde se procesan todas las informaciones…Allí se encuentran los órganos que expresan el pensamiento al convertir el lenguaje en sonidos, que comunican información y significado, sentido.

Se puede pensar esta “vibración” como causalidad, simultánea en todos los mundos. Pero no es necesario suponerla con “forma” de onda (cresta, valle, frecuencia, amplitud etc…), incompatible con la posibilidad de una transmisión instantánea de información, factible en cambio si aceptamos el segundo aforismo del Libro de los Veinte y cuatro filósofos de la Alta Edad Media: un “medio” cuyo centro está en todas partes, y la circunferencia en ninguna…

En su obra El camino a la Realidad, Penrose resuelve de manera muy interesante el problema de la cancelación del estado de superposición cuántica y su “caída” en el estado clásico al producirse la medición, en tanto que aporta información al sistema constituido por todos los estados probables.

Según el físico, que recurre a la Gravedad cuántica , interacción que no forma parte del Modelo Estándar, la reducción de lo cuántico (probable) a lo clásico (forma concreta y localizada) o el colapso de la función onda hacia un estado clásico, causado por el acto de medir, pasa las cosas de la inquietante superposición cuántica (gato vivomuerto) donde el espacio y el tiempo se encuentran también en un estado de indefinición, a un estado clásico, definido y localizado, cuando se establece una diferencia de energía superior al quantum de gravedad.

El quantum de gravedad es un paquete, una condensación de energía gravitatoria en gravitón, la hipotética partícula subatómica vehículo de la interacción gravitacional. Esta cantidad infinitesimal de energía, sería aportada por el observador consciente, con su acto de objetivar. De ahí la reducción objetiva que causamos al observar la realidad: los estados posibles se reducen al actual que se describe con una cifra, una medida objetiva, se tiene conciencia.

La idea aquí tiene dos partes. Por un lado, cuando inauguramos el mundo de la medida, se hace entrar la nube de información en el reino de la cantidad, cuadrando el círculo al dar forma, espacio y tiempo a una cualidad. Otra forma de decirlo es: se ha “creado” un punto, en la circunferencia que representa a la función onda…Y quien lo ha hecho es el sujeto que hace objetivo al mundo para conocerlo él y para que él se conozca, pero esto, en las religiones…ocurre sólo al costo de una Caída arquetípica: es queriendo saber que hemos comido el fruto (“codiciable para alcanzar la sabiduría…”) del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal (Génesis 3.6) que estaba en el centro del Paraíso, por lo cual, y casi en seguida, hemos sido expulsados… para evitar que comamos también del árbol de la vida y alcancemos la inmortalidad (Gen 3.22). Pero salimos “con los ojos abiertos” (Génesis 3.7) porque después de morir (Génesis 3.3), somos como Dios, “sabiendo el bien y el mal” (Gén 3.5), pero ¿Sabemos?, y por otra parte ¿qué es lo que muere…?

Esta es una situación semejante a la que se encuentra en el Budismo que tiene a la Conciencia como quinta y última operación de los Skandas, para sumergirnos en la ilusión (Maya). Pero, sin el hombre, no es posible esa objetivación y el universo no se conoce a sí mismo. De ahí que el Yoghi “arregla los Skandas…” en un punto determinado de su Vía, es decir reconoce que esta obnubilación que produce la conciencia, es en el fondo la Visión de la Realidad en sí misma… cuando la enseñanza es abordada a través de Tapas, literalmente traducible como fuego de la Ascesis, aunque tiene muy poco que ver con inhibirse de hacer tal o cual cosa, y mucho con un conjunto de disciplinas que modifican la vida humana desde su biología hasta las operaciones de la mente para concluir en el aquietamiento que abre la total comprensión de la realidad en el estado “supraconciencial” de identificación con el Todo (Samadhi). Pues, bien visto, no existe ninguna diferencia entre el universo objetivado, la objetivación y el sujeto, nosotros, autores de la realidad que vemos, aunque, siguiendo los consejos del gran Físico Erwin Schrödinger (Premio Nobel en 1933), convenimos, como hipótesis de trabajo, en que hay una Realidad “ahí, afuera de nosotros”. Fue este mismo hombre de ciencia quien pensó que para conocerla finalmente era necesario acudir a la mística de Nasafi o a técnicas que provienen de la ascesis budista.
Antes de encontrar un maestro competente, que nos ponga en contacto con el método del Despertamiento (Buddha significa Despierto) “los ríos son ríos y las montañas son montañas”, cuando entramos en contacto con la Vía, los ríos y las montañas, dejan de serlo…pues se llenan de significado y vemos en ellos otros aspectos de la realidad, pero en el logro de la Iluminación final, de nuevo los ríos son ríos y las montañas, montañas… Nada ha cambiado, sólo el sujeto, que entonces puede decir Tat Twam Asi (Aquello, eres Tú), porque ahora sabe quién mira cuando él ve y quién escucha cuando oye.

Conforme al otro autor del modelo que explica la reducción objetiva, el Anestesiólogo Hammerof, ese aporte de una energía superior al quantum de gravedad que colapsa la función onda y define el estado, ocurre en el cerebro humano del sujeto que tiene una sensación (Skanda) y percibe (otro Skanda) cuando por un acto de voluntad (también Skanda) elige entre dos arreglos electrónicos distintos de las tubulinas (proteínas alfa y beta, que llenan los nanotúbulos de las neuronas) funcionando como isómeros y aquí, moléculas-bits (0 – 1) “entrelazadas” o qubits (quantums de información “entrelazados”) físicamente conectados al fenómeno de la conciencia (el quinto Skanda…), con lo cual se aclara y desaparece, gracias a una combinación de neurofisiología, bioquímica, cibernética e información… la falsa división cartesiana entre res cogitans y res extensa, pensamiento y cerebro, alma y cuerpo, mente y materia… que desde el siglo XVII sumió al Occidente en un dualismo epistemológico que todavía no termina de abandonar.

Penrose sienta así la base de una teoría cuántica de la conciencia que no recurre al subjetivismo. La conciencia emana en la naturaleza siguiendo las mismas leyes físicas que gobiernan al cosmos, lo que permite excluir de la ecuación a Dios…como algo separado del Universo.

En el Tantrismo hindú o tibetano nos encontramos con el primer elemento no físico, más allá de la Tierra, el Agua, el Fuego y el Aire, principios que animan a los cuatro chakras inferiores: Muladhara, Svaddhisthana, Manipura y Anahata; lo llamó Akash y Occidente sólo tiene la palabra éter para traducirlo... los dos siguientes son un Principio mental (Agna Chakra) y el Absoluto (Sahasrara Padma, “Loto” de mil pétalos…) que, por una razón ahora muy precisa, se encuentra “localizado” fuera del sujeto que ha resuelto la separación entre él y el Universo. Pero entonces, no hay un solo plano de la realidad, ni un solo mundo. El término “más científico” es Multiverso.

Cuando el “primitivo” dibuja en la cueva una escena de caza, no es para forzar su cumplimiento al día siguiente en la pradera y cobrar su pieza gracias a una especie de magia simpática (causalidad) que permita que al cazar “en efigie” se propicie, en un tiempo futuro, una caza efectiva. El cazador primitivo hace la operación siempre en presente. Y cada vez, “caza” ritualmente, el mismo principio mientras ejecuta los dos actos, cada uno en su tiempo. Aunque localizados en tiempos y lugares distintos, los dos hechos provienen del mismo Principio que no se modifica ni en el espacio, ni en el tiempo y genera los dos fenómenos únicos y formalmente distintos, pero “los mismos” en cuanto a su significado…

***

Podemos seguir hablando de algo que requiere no sólo otra manera de pensar el mundo sino el desarrollo de un verdadero “cuerpo” psíquico, pero ahora también es necesario tomar en consideración el significado real de las profecías, pues es muy probable que no tengan ninguna intención de informar sobre el futuro, sino de formarlo, infundiendo forma a una sustancia viva en el pasado, en el presente y en el futuro… Es decir, los profetas no explican lo que vendrá, hacen que llegue, pero ( y aquí, es un gran pero) lo “profetizado”, es la cualidad de lo que será el evento histórico con su forma empírica específica. Esa cualidad que veremos luego conectada al azar y que hace el sentido, el significado en la sincronicidad.

Sucede como en el I Ching, el Gran Libro Sapiencial traído al mundo por Fo Hi, 3.468 años antes de Cristo, otra fecha cercana al 3113 maya y 3768 hebreo. Cuando se lo requiere como libro oracular o predictivo debemos poner atención a la naturaleza del futuro y para esto no es necesario buscar algún “manual para profetas…”

Completando a Agripa (1486-1535) que en su Filosofía Oculta (página 132, en nuestra edición de Hécate) describía al “Tiempo como una sucesión de números”, SRF escribió, “la Casualidad es una progresión desconocida” y “…ya que el futuro está compuesto de Casualidad y de tiempo, esto debería servir para encontrar el término de un Acontecimiento o el futuro de un Destino…” (Misticismo en el Siglo XX, 1950)

La sucesión de números (el tiempo) está sometida a una ley de fácil comprensión. En la serie 1,3,5,7,11,13…la ley que predice el número siguiente es obvia. Pero en la serie de decimales que hacen el número Pi, esto ya no es posible.

De acuerdo con el poder de cálculo de nuestros ordenadores, hemos pasado del billón de cifras, pero nadie, con ningún programa de ninguna potencia puede predecir, entre apenas 10 posibilidades, el siguiente decimal de la billonaria serie. No existe manera de saber cuál es el número que sigue. Imprevisible siempre, sólo al realizar las operaciones aparece la cifra… “El resultado de Plutón se ignora siempre…”

Desde nuestro punto de vista, el número se obtiene aleatoriamente y lo atribuimos al azar…Pero el azar sólo habla de un estado en el cual, el tiempo, como sucesión de números y “cuarta” dimensión del continuum físico, está suspendido, sus leyes se cancelan y aparece ese “relámpago de instante”, una chispa creativa, siempre en presente y que viene “de otro lado”. Es el aporte de energía, el “nuevo impulso” anti-entrópico alquímicamente puro del significado, del símbolo que abre la puerta al mundo sutil, más allá del proceso que “ha fallado”.

Por su parte, la progresión es sólo desconocida, una X verdadera, un misterio en suma, pero nadie ha dicho que sea imposible de conocer…Si se deja actuar al azar, el otro nombre de Dionisio (Shiva entre los hindúes) que altera el “orden” apolíneo (de Vishnú en la India), la numeración sagrada unida a la sucesión inexorable de los instantes, el curso ordenado de los linajes, las sucesiones apostólicas, el fluir organizado de la realidad y como Shiva, destruye el mundo conservado por Vishnú. Disolución alquímica de lo coagulado y limitado entre los cuatro “lados” del continuum espacio-temporal. Bioquímicamente es el catabolismo de moléculas complejas, que aporta el material y la energía para hacer otras, las nuestras.
Es esta energía, este Rajas, Intelecto Activo, el que se sitúa en el punto donde debe darse el cambio de ritmo y de estado. Sin él, el proceso, el fluir de la realidad, se detiene.
¿Cómo invoca al azar el I Ching…?

Sea al usar por ejemplo tres monedas que “lanzadas al azar” mostrarán, de un modo del todo imprevisible y racionalmente controlable, una de sus dos caras, sea con los tallos de milenrama, donde el procedimiento de los lanzamientos, mecánico en sí mismo, está impregnado en cada una de sus fases por significados que implican una evocación y así un contacto con aspectos de la realidad que hacen la cosmología china fundamentada en el sello de Fo-Hi, y que “habitan el azar”, único que “controla” el lanzamiento de los 50 tallitos: Se separa Uno, lo fijo y constante, por referencia al cual todo cambia (aquí, aplausos de Heráclito) de allí el nombre de I-Ching, El Libro de los Cambios… este tallito, el Uno, no interviene en la operación, los cuarenta y nueve restantes, se dividen al azar en dos montones…y hay que seguir con el método, largo, pero lo que se aprende justifica todo esfuerzo: Hay algo que no cambia, nunca, y la primera división es al azar…progresión desconocida que hace pensar en la X formada en el Timeo, entre Lo Otro y Lo Mismo.

Lo que resulte, como el efecto de Plutón, es imprevisible: un hexagrama que se “separa” del continuum por medio de las operaciones de lanzamiento de los tallitos, que cancelan la función onda o el frente de probabilidades que son los 64 hexagramas y provoca la heterogenización que que localiza al espacio-tiempo, creando el donde y cuando es… Para completar el panorama, al fondo de ese “resultado” se encuentra también un problema ético, en el sentido de que todo resultado implica elección, hecha racionalmente o en este caso “por azar”.

Terminadas las operaciones y obtenido el hexagrama, aparecen las líneas fundamentales del universo que revelan la estructura cualitativa de las cosas, expresadas en el I Ching con seis trazos continuos o cortados, cada uno con su nombre, unido a un carácter chino que es, en sí mismo, un símbolo completo. Hasta aquí, la parte fácil.

Viene luego la interpretación de las imágenes que forman cada Hexagrama a partir de los ocho Kouas, trigramas-principio de la realidad con los que Fo Hi armó su sello. Tomados en pares (trigrama superior y trigrama inferior) hacen 64 hexagramas que formalizan las cualidades de todas las cosas, de todas las situaciones. Actúa entonces la polisemia del lenguaje equívoco del símbolo, pues es imposible formular una interpretación de las imágenes “más adecuada” que otra.

Es cierto que existen códigos específicos de lectura, pero eso de ninguna manera implica que se limiten las posibilidades de significación. Más bien se amplían con radios que pueden ir desde lo absolutamente personal, hasta lo cósmico. Desde los ámbitos de la cotidianeidad, hasta la penetración mística en la naturaleza de lo real.

Ahora, es necesario poner atención al carácter “predictivo” de este Libro Sapiencial, ya que estamos intentando sorprender al futuro, antes de que él lo haga con nosotros. Como en todos los sistemas oraculares ( aquí, sonrisas de Pascal, tratando de calcular para su amigo apostador, de qué lado caerán los dados…Astrología, Versos de la Eneida virgiliana, Tarot de Marsella, análisis de las vísceras de una alpaca…y un larguísimo etcétera en cada cultura y momento de la historia, hasta ahora cuando para “entrever el azar” recurrimos al cálculo de probabilidades, la estadística o las matemáticas actuariales, igual de eficaces que echar las cartas en cualquier esquina…) no se trata de expresar la forma, en un espacio-tiempo concretos de los hechos del futuro, sino su significado, su cualidad, que se hace tangible “como” ellos. Esto es visible también en la tradición occidental. Cuando en Delfos era necesario interpretar correctamente cada revelación de la Pitia, empezaban las dificultades:

-“Si cruzas el Halys, caerá un imperio”, respondió la Sacerdotisa de Apolo en el Oráculo de Delfos al rey de los lidios, que ansiaba saber si era prudente combatir con Ciro II, rey de los persas. Convencido de haber acertado en la interpretación de la sentencia oracular (por fin los lidios conquistarían a los persas), se lanzó con cientos de naves y veinte mil hombres, que perdió, hundiendo a Lidia y a su propia dinastía. La caída de un imperio era la cualidad que caracteriza el hecho, predicha por La Pitia. Para dar forma específica a esta predicción interviene algo más, el azar. Así, cayó Jerjes y no Persia.

Observemos un poco más la relación del I-Ching con el mundo ético, a través del “Juicio”, que en los textos posteriores al siglo VI a. C. incluye el trabajo exegético de escuelas como la Confuciana, inclinada a la aplicación ética en la vida humana. ¿Cómo lograr la conducta apropiada, en “vibración co-respondiente” con el aspecto del Principio expresado en cada hexagrama, resultado de la consulta oracular.

La conducta ética sigue en el mundo de las acciones en forma “natural”, como una disposición o como una actitud, la verdad encontrada en el campo del conocimiento, al dar con el hexagrama al final de los lanzamientos de los tallos de milenrama. Al actuar sólo existen dos vías: o nos mantenemos unidos con el Todo, o se lo enfrenta como Otro, con la intención de “salirnos con la nuestra”.

Por otra parte, es notable que sólo con dos posibilidades, continuo-discontinuo graficados como una línea entera y otra dividida, se obtengan por una combinatoria binaria, las 64 cualidades que están en el origen de todas las cosas, así como con 118 elementos químicos se elabora todo el cosmos. Por otra parte, estas líneas, continuas y discontinuas, expresan un estado de identificación (línea continua) inconsciente por definición, frente a la conciencia (línea discontinua) que separa y “crea” el mundo. La combinación de estas líneas son los componentes de las cualidades… La cifra 64, sexta potencia de dos, alude a la condición dual de la Realidad manifestada, expandiéndose en seis estados sucesivos.

Luego de aclarada la naturaleza de este Binario, los seis lugares donde puede situarse cada término tienen varios sistemas de lectura. Así, la primera línea, en las relaciones familiares, corresponde al Padre, en la vida social al Emperador, en el mundo al Cielo y así sucesivamente. El análisis de los significados de este sistema de relaciones es de extremo interés, pero requiere toda una obra para tener una visión aproximada de su alcance como doctrina cosmológica, como exposición de un sistema de principios filosóficos, como categorías del mundo de los hechos.

Como en el hebraísmo, la Manifestación proviene de seis posiciones fundamentales: El Principio “Emanó seis” dice el Génesis 1,1. Esas direcciones del espacio: Norte, Sur, Este, Oeste, Zenit y Nadir. Seis, como los chakras del Tantrismo original, cuya “iluminación” completa hace al séptimo;

Este “seis” podemos intuirlo tanto en los seis quarqs como en las seis dimensiones intangibles que en conjunto con el espacio-tiempo, tetra-dimensional, hacen el Universo en nuestro modelo cosmológico occidental de las Supercuerdas, con once dimensiones (nos falta una dimensión ¿no?... el Uno inmóvil, con relación al cual todo cambia y se mueve …) que no tiene problema en “interactuar” en el límite de cada Brana, conectando todos los universos del Multiverso.

Ahora bien, sólo el espacio-tiempo es aprehensible por los sentidos habituales y si percibimos a las otras seis como “cualidades”, dejamos de pensar que ese mundo de sentido, significado o cualidad puede sencillamente fabricado por nosotros y nos queda claro que es algo inherente a las cosas mismas, y debe ser descifrado. De hecho, son las matemáticas las que proponen estas dimensiones para explicar el comportamiento de la materia en el mundo de las partículas subatómicas. Pero ¿qué es una dimensión? Una cosa es pensarla, formalizarla dentro de un modelo que permite hacer predicción de fenómenos subatómicos, hasta varios decimales de precisión y otra comprenderla…

Así, el mundo del sentido no es un agregado y forma parte del Universo tal cual.

En el Tantrismo hindú fue denominado Prana y antes que concebirlo como algo que “seguramente está presente en todas las cosas”, preferimos recurrir a su etimología. De acuerdo con SRF, fue hace 2.800 años cuando el sabio Aulukya propuso dentro del sistema filosófico Vaishesika (también presente en el Wyaya-Yoga-Vasishtha), la estructura atómica conocida como Anu, existiendo una partícula más pequeña aún, lo supremamente (Param) pequeño (Anu), de allí, Pranú y luego Prana que, como en el caso del pensamiento occidental, es una partícula, un principio mucho más microscópico, la “vibración última” que configura la realidad.

“Todo el problema reside en la obtención y la conservación del PRANA. Esta vibración esencial, esta energía vital es muy poco conocida en Occidente, donde apenas comenzamos a conocer el átomo, pero en cambio los Gurús de los antiguos tiempos además de conocer el átomo (el anu) tenían también una unidad menor, un infra-atomo (el Paramanu), una especie de partícula subatómica que nosotros presuponemos solamente, y que presentimos en la actualidad como elemento de lo infinitamente pequeño, pero que la Ciencia moderna no ha definido todavía…(YYY, Parte II, Cap 3. 1952)

En un Multiverso, el contacto con mundos causales más allá de la forma, requiere literalmente el desarrollo -en realidad despertamiento- de un “cuerpo” capaz de moverse en ese “mundo”. Este cuerpo es una psiquis, sus contenidos y operaciones son reales y sutiles. De hecho, aún fundamentada en él, no es el cuerpo biológico… con toda la riqueza y vitalidad que le corresponde. Pablo la llamó psiquicon, los griegos pneuma, los latinos alma, en el Islam, habita el mundo imaginal, y está tanto en illud temporo (aquel tiempo) como en el utopos (no-lugar) la localización.

En efecto, no sólo el I Ching, también el Tzolkin maya y otros textos requieren un abordaje más allá del racional. Viven en una lógica que se mueve por las orillas de una causalidad que se reproduce de modo fractal, construye mundos de formas equivalentes, y sus razonamientos en lo temporal son aplicables por igual a períodos de tiempo diversos. Estos mundos también incluyen préstamos a otras dimensiones, como los hechos por matemáticos cuando cruzan las fronteras de las formas imaginables en este universo y hablan de la raíz cuadrada de -5. O del resultado de raíz negativa de una ecuación de segundo grado. Al encontrarla, decimos que esta raíz no es real, y privilegiamos la raíz positiva, sólo porque la hacemos corresponder con el mundo que habitamos. Pero la “otra” raíz, no puede estar en contradicción con la que aparece bajo signo positivo. De hecho es la misma, o en todo caso, su estricto “alter”, es decir, expresión de ese múltiple “otro” que cada uno de nosotros ve, cuando entra, a través del Espejo, para cazar al Snark. En cualquier caso, existir, de hecho, implica haber optado por una de las dos raíces… en cualquier forma en la que existamos. Lo que sí sabemos, empíricamente, es que no podemos existir en las dos raíces de la misma manera, o con el mismo cuerpo, para habitar los otros espacios cartesianos debemos usar un medio idóneo. Desde el “otro lado”, somos nosotros los habitantes del espejo.

De cualquier modo, lo profetizado es la cualidad del futuro, que se obtiene del conocimiento de la verdadera causalidad que no está ligada al espacio-tiempo concretos de los hechos empíricos. Aunque no queremos simplificar de modo ligero, si pensamos que una circunferencia está hecha de infinito número de puntos, de modo que todos son equidistantes del centro (aquí, solemne aprobación de Euclides) cada uno, cada punto participa por igual de esa circunferencia. Cada punto es causado por la circunferencia, no por el punto anterior o posterior en el tiempo o en el espacio, si la línea de la circunferencia tiene dirección. Luego, si comprendemos la naturaleza de esa circunferencia, su cualidad, su significado, podemos predecir que el punto que existirá en T2, será de la misma circunferencia que el que existe ya en T1. Tendrá la misma cualidad, el mismo significado, pero es muy claro que será “otro punto”.

Así, lo que empíricamente se muestra como “otro”, desde esa causalidad participa de “lo mismo”, lo que nos hace pensar nuevamente en el Timeo (Aquí, Platón sonríe mientras Pauli y Jung asienten con rostro grave…). La progresión es desconocida porque no puedo establecer las leyes que rigen la sucesión de decimales. Incluso contando con millones de ellos, cuando intentamos buscar un patrón, un ritmo o una secuencia, sólo encontramos los resultados del azar. El azar ha dispuesto que, la suma de los primeros 144 (6+6) x (6+6) decimales de Pi, sea 666. Dos números presentes en la Revelación y que 343 sean los siguientes tres, producto de 7x7x7. (Crónicas Marcianas, del matemático M. Gardner) Los llamamos “aleatorios” y dejamos de pensar en la posibilidad de preverlos pues no conocemos la ley bajo la cual evolucionan…

De ahí que “el futuro” no es pre-visible en términos de formas concretas, pero se puede ciertamente explorar su cualidad y encontrar la identidad de cada fenómeno. Es necesario recordar aquí la “Identidad no localizable” del matemático R. Tohm que, desde el universo simbólico, identifica y da su ser a cada fenómeno, a su vez, “identidad localizable” en tiempo y espacio concretos. Volveremos sobre este punto, al reflexionar sobre el espacio, en el siguiente tema.

La previsibilidad tiene que ver con la estructura del espacio. Si “está curvado” o es “circular”, eventualmente forma ciclos y éstos tienen ritmos. “Solo” es necesario comprender esos ritmos y podemos decir: en tal época (cuando se cumpla el ciclo) aparecerá tal cosa…no puedo decir nada de su forma concreta, hasta que se presenta, pero puedo conocer claramente sus cualidades, antes de que entre en el espacio-tiempo. Hasta allí llega, afortunadamente, toda predicción.

Entonces, lo que el I Ching “predice” no son hechos concretos. Ninguna predicción “verdadera” –las hay y no están en las “lecturas” de Nostradamus- (aquí, el médico nos mira, agradecido, cuando negamos que predijo los kennedy´s affaire, Lady Di, o las torres) pretende decir algo sobre la forma específica de los hechos, y no porque se haya formalizado en términos lo suficientemente ambiguos como para una vez ocurrido el evento, encontrarlo en relación con lo predicho, pero todas tienen derecho a considerar que están en lo cierto cuando hablan del “retorno” de ciertas cualidades de las cosas, de los seres. Hablan de algo que es “lo mismo” para cada punto de la circunferencia que se presente en cualesquier espacio o tiempos.

Llamemos entonces, Chan Balum a esa cualidad, o también Kalki Avatar, Budha Maitreya, Imam Mahdi, Wiracocha o Quetzalcoatl. Digamos que todos ellos hacen parte de la misma “onda” de los Avatares. Todos fueron evento en T1 y, al final de su misión, prometieron volver en T2…generando otro evento. Esta es la parte “pre-visible”, la cualidad. La forma es siempre imprevisible, interviene el azar. Los aztecas esperaban basados en la profética tolteca, a Quetzalcoatl, pero llegó Cortés. Los judíos esperaban a Elías, a Moisés, o por lo menos a un libertador, llegó Jesús, y hablaba de presentar la otra mejilla… En realidad, todos “esperan” que lo que “vuelve” sea lo mismo que se fue, y lo es, en esencia, en su información. Su forma es la diversa como la de las profecías, que se cumplen por fuera del formalismo pensado o esperado.

Cuando Jesús leyó la Torah en la Sinagoga, agregó algo que no estaba en La Escritura: “aquí, hoy, la profecía se ha cumplido”…y, como si contemplaran al Cristo Salvador del Mundo de Da Vinci, ninguno de los doctores esperaba ver un Mesías de esas características. Volvía Quetzalcoatl a México, según la profecía tolteca, pero llegó Cortés. Por las costas occidentales de Sudamérica, desde el océano, volvía Wiracocha, y por eso Pizarro fue recibido en Cajamarca con la Fiesta del Arte que anunciaba al Décimotercer Emperador de los Incas. Como Jesús, vuelven los Avatares, pero en esta, su Segunda Venida, llegan hombres comunes y corrientes, capaces de conocimiento y del logro de una realización espiritual concreta, palpable en sus mensajes y en los métodos que proponen, para la autorrealización, dentro de la misión civilizadora que llevan adelante como uno más entre los hombres.

Llegan y llegarán y tal vez no cumplan las expectativas de quienes puedan verlos, porque lo que “vuelve”, en realidad por haber permanecido siempre hic et nunc, es el sentido, no la forma, y menos la esperada y ligada a la historia ya vivida. La vuelta de Jesús no es de acuerdo a la forma, es el Espíritu Crístico el que regresa, y tiene miles de formas, tantas cuantas sean las de quienes lo realicen a partir del Conocimiento que lleva a la unión, a la identificación en la cual materia y espíritu se reconocen idénticos.

En realidad, no es necesario que tal espíritu regrese, porque jamás se ha ido. Igual ocurre con Maitreya, el Kalki Avatar definido por el Amor (Bhakti) que nace del Conocimiento, o con el Imam Mahdhi. De allí que todos puedan decir, con cierto grado de verdad, que son “el esperado”, en cada religión o sistema que puso su esperanza escatológica en el advenimiento de un hecho en el cual culmina la expresión del significado total de la Realidad. Diseñaron una estrategia para cruzar el océano del tiempo, expresada en términos simbólicos, usando todos los signos provenientes de la ciencia, del arte, o de la filosofía y generaron sistemas de autorrealización cuyo lenguaje y técnicas reproducen exactamente la constitución del universo (como se puede notar en las relaciones entre el Samkhya hindú y el Yoga )identificado en Macro y Microcosmos “Como es arriba es abajo, como es abajo es arriba, a fin de que se cumplan los misterios de la Unidad…”

Lo que los hombres vemos distante en el tiempo, es solamente lo que la conciencia tarda en comprender cada plano, por realización total, más allá de tener información sobre él. Así con cada Avatar, de los de Vishnú en la India a los de Pacal en América. Es tiempo ya de ver el aspecto real de los acontecimientos en lugar de seguir atados a formas que no se reproducen jamás.

No vuelven los hechos del pasado, sino su sentido o su significado que, estrictamente, nunca dejó de ser presente eterno. Como la onda, “eterna” y además “toda la extensión posible” para el punto que brota en ella. La dificultad surge al suponer que el significado es algo que podemos agregar a los seres, pues no tiene sentido poner en la raíz de las cosas algo fabricado por nosotros mismos. Pero el significado de las cosas es permanencia “anterior” a ellas y pide ser descubierto….

En el Tíbet se entendió muy bien el problema y se aplicó el mecanismo para garantizar la persistencia de tales principios en el tiempo.

Cada Dalai Lama “es el anterior, re-encarnado” en una sucesión que hasta hoy con S.S. Tenzin Gyatso (1935-), XIVo del Linaje, no ha cesado de manifestarse a lo largo de los siglos, desde que los mongoles en el siglo VI inventaron el título (Océano de sabiduría). Quizá habría que agregar que cada Dalai Lama constituye expresión de Avalokitashvara: “El señor que mira hacia al mundo con compasión”. Lo que “encarna” es Karuna, la compasión misma, constituyente de la realidad que produce a cada Dalai Lama, para ayudar a todos los seres a cruzar el océano del Samsara (la ilusión). A la muerte del Dalai Lama, se busca al sucesor. En el “nuevo” (Joven, Huayna) están todas las cualidades del “antiguo” (Viejo, Machu) Lama y por eso, cuando los íntimos del predecesor, especialmente el Panchen Lama, “prueban” a la nueva encarnación éste debe “reconocer”, entre varios, el cuenco que usó el anterior: si el cuenco es la matriz en la cual se recibe la enseñanza… Reconoce también, entre varios, su mala, el rosario que usaba el “viejo” para contar los mantram (fórmulas verbales que evocan principios) si la sucesión de sutras (enseñanzas) que lo forman, la cadena de enseñanzas que lo forjan, es la misma que la actual encarnación considera como su propio saber y su norma, y así sucesivamente… Es decir, lo que se reconoce no es exactamente el objeto, sino lo que éste simboliza… A su vez, cuando el Panchen Lama desencarne, será el Dalai Lama quien opere el reconocimiento. El sistema funcionó durante siglos hasta que, por razones políticas, fue violentamente interrumpido por el actual gobierno Chino. Más interesado en el poder que en la verdad sometió a “sorteo” tres nombres al margen del ritual tradicional, obteniendo un “sucesor” del Panchen Lama que afiance su reclamo sobre el Tíbet. Por algo hace varios años el actual Dalai Lama advirtió que probablemente con él, la noble institución de transmisión del Océano de Sabiduría, concluya…

El Cristianismo tuvo menos suerte. La sucesión apostólica del Vicario de Cristo se interrumpió cuando la Iniciación Crística cesó de transmitirse regularmente, alrededor del siglo IV. De todos modos, el libro de San Malaquías -cercano a Bernardo de Clairvaux- aún conserva las “divisas” (cualidades), que cada nuevo Papa debe encarnar…funcionó con Monseñor Roncalli, Juan XXIII “Pastor et Nauta”, y queda una sola más.

Tal vez es más importante que el nuevo Lama sea “en espíritu” idéntico al anterior, y si no, de hecho, la realización será completa cuando la identificación del nuevo (el Hijo) con el anterior (el Padre) resuelva la ilusión de separación…En el estudio que permite encontrar al sucesor, a veces a mucha distancia del sitio donde desencarnó el anterior Lama, entran también los cielos: inevitablemente, dada la unidad de todas las cosas en el Todo, el que “retorna” lo hará bajo “un cielo semejante”, es decir, en la compleja astrología tibetana, mostrará una serie de posiciones planetarias que lo vinculan directamente al anterior, o tendrá, con respecto al cielo original bajo el cual nació y vivió su predecesor, relaciones muy precisas que definen “la diferencia” de formas que son los ángulos y distancias (en términos de posiciones planetarias) de la “encarnación reconocida” (Tulku) con respecto a quien lo antecedió, que deberán ser recorridas, a lo largo de la vida, algo similar a “enderezar el eje”, por el nuevo. “Reencarnan”, es decir, vuelven a tomar forma, los Principios, las funciones, no las personas, y algunos Yoghis iniciados a los Yogas Secretos, como los transmitidos por el Lama Kazi Dawa Samdup, en su Yoga Tibetano Doctrinas Secretas “transfieren su conciencia…” (Po Wa tibetano) no es raro y es extremadamente interesante. Hemos sido testigos de este mecanismo.

Todos vuelven, pero para poder comprender lo que se dice con esto, hay que poner atención al calendario basado en “el único libro que los hombres no han podido destruir”: la esfera celeste, donde los magos del antiguo Zoroastrismo leyeron el Primer Advenimiento de Jesús. Más que a “una estrella”, siguieron a un complejo fenómeno celeste, compuesto por posiciones planetarias precisas que constaban en sus calendarios, y más tarde cuando el Profeta Mani (215-276) iluminó al Imperio Sasánida, en Irán y al Reino de Palmira, siguió el mismo procedimiento, pero esta vez refiriéndose a Juan.

Finalmente: “Si yo quiero que él quede, hasta que yo vuelva, qué a ti…?” (Juan 21, 22) fue lo que Jesús le dijo a Pedro cuando pidió a Juan que los acompañara…Advirtiéndonos así de su regreso. Como al primero, el Segundo Advenimiento hay que buscarlo también en las estrellas y luego, es necesario un conjunto de operaciones que permiten su cumplimiento (lo que Chan Bahlum debe hacer, con respecto al retorno de Pacal y Hunaab qu) pues aunque “Todo lo que sucede está escrito en el Libro de los Cielos” no todo lo que está escrito, sucede…y ahí es donde interviene la responsabilidad humana.

En Asia o en Europa, en América se estructuraron calendarios que permitieran determinar la cualidad del tiempo de los acontecimientos y verla luego, en el retorno de estos mismos eventos astronómicos, que se produce a la vuelta de siglos o milenios, dada la naturaleza cíclica de estos movimientos. Así, los calendarios son más que cuentas del número de días… y como El tzolkin maya, no son comprensibles usando solamente la razón. Es necesario recurrir a la Imaginación Creadora, facultad presente en los hombres, como un “órgano” del mundo imaginal

Nos hemos referido a las cualidades que encarnan como instructores. Si se tratara de partículas subatómicas, diríamos propiedades (masa, carga eléctrica, spin) que la física experimental ha “transportado” ya a cierta distancia, donde éstas dan su forma a otra partícula, superando nuestra comprensión del espacio, el otro concepto que debemos revisar, pues las propiedades no necesitan desplazarse, son continuidad.

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